Jornada continua: ¿Jornada escolar o asistencial?

Carolina Fernández del Pino Vidal


El pasado 21 de mayo, ANPE-Madrid dirigió una carta al director general de Educación Infantil y Primaria de la Consejería de Educación y Juventud, D. José Ignacio Martín Blasco, para solicitar que se diesen instrucciones a los centros escolares autorizando la jornada continua para el próximo curso, con el fin de permitir que se organicen con la antelación necesaria y no con la premura que caracterizó el inicio de este curso.

Después de casi dos años de pandemia y decisiones atropelladas, deberíamos comenzar el curso escolar de forma ordenada, sin pedir una vez más un sobreesfuerzo para adaptarse a las últimas instrucciones o medidas adoptadas por las autoridades educativas.

Si bien la situación ha mejorado, estamos lejos de alcanzar la normalidad y los expertos ya avisan que, aunque la vacunación avanza, no se deben descuidar las medidas sanitarias, algo que parece lógico, pues todos sabemos que nos enfrentamos a un peligro desconocido. No se sabe cómo va a evolucionar. Se desconoce el impacto de las distintas cepas, la efectividad de las vacunas contra ellas y las consecuencias a largo plazo.

A fecha de hoy seguimos utilizando mascarillas en el exterior y estamos a tan solo tres meses del comienzo de un nuevo curso escolar. Parece que las autoridades viven inmersas en una película de Walt Disney, en la que todos sabemos que, a pesar de los villanos, todo acabará bien. Y no dudo que así será, pero creo que los plazos con los que juegan todas las Administraciones se basan más en ilusiones que en realidades.

ANPE-Madrid considera imperativo autorizar

la jornada continua para el próximo curso

Por ejemplo, el Ministerio de Educación y Formación Profesional ya ha propuesto mantener las principales medidas de prevención contra la pandemia en los centros educativos. Pero recomienda disminuir la distancia interpersonal a 1,2 metros, al tiempo que quiere revertir la reducción de ratios. Quienes hemos pisado más de un aula, sabemos que muchas no tienen las dimensiones necesarias para mantener esta distancia y dar cabida a 25 o 30 alumnos. Como en muchas otras ocasiones, nos piden la cuadratura del círculo.

Por eso, ANPE-Madrid considera que es imperativo autorizar de forma inmediata la jornada continua, para facilitar la adopción de medidas de prevención y seguridad con la antelación suficiente.

En la Comunidad de Madrid la reticencia a autorizar la jornada continua, que facilita la implementación de otras medidas de seguridad, no nace de consideraciones organizativas ni pedagógicas. De hecho, nunca se ha basado en criterios técnicos y esto se evidencia si analizamos la normativa que la regula.

La Orden 502/2013, en su artículo 3.2.f, establece el siguiente requisito:

Validez de la votación: La votación será considerada válida si ha participado en ella un mínimo de dos tercios del total de personas que componen el censo y, para que la propuesta se considere aprobada, deberá constar la conformidad de un mínimo de dos tercios de los votos registrados.

Como afirmamos en dicha carta, parece poco razonable que la modificación de la jornada escolar requiera una participación mayor y un número de votos favorables superior al necesario para la aprobación de un Real Decreto o la investidura del presidente de la nación o de una comunidad autónoma. Tampoco es entendible que se aplique un requisito de participación tan elevado, cuando para poder constituir la mayoría de los órganos colegiados solo se requiere la mayoría absoluta o simple. En el caso de elecciones nacionales o autonómicas, ni siquiera existe un requisito de participación mínima.

La norma nace desde una concepción errónea,

que equipara jornada escolar con jornada asistencial

El voto es un derecho y hasta un deber, pero no una obligación.

Una regulación que retuerce los principios democráticos se puede pervertir y utilizar de forma abusiva. Por tanto, no es sorprendente que llevemos años viendo cómo pequeños grupos, haciendo un uso inadecuado de esta norma, se sitúan en el exterior de los centros para presionar y coaccionar a los padres, y así evitar que participen en el proceso electoral. Este año en algunos centros se han llevado a cabo campañas con el lema “Yo no voto”. Han convertido la no participación o la abstención en un “voto” más valioso que el emitido.

Sin embargo, lo que realmente falla en la normativa y el planteamiento de la adopción de la jornada continua no es la forma sino el fondo. Falla la base sobre la que se sustenta.

La norma nace desde una concepción errónea que equipara la jornada escolar con la jornada asistencial. La jornada escolar se debe organizar en base a criterios pedagógicos, mientras que la asistencial debe atender a las necesidades de conciliación familiar de la sociedad. Las decisiones pedagógicas no deberían estar al albur de otro tipo de consideraciones. Se deben tomar con la intención de optimizar el proceso educativo.

Como en otras ocasiones, nos piden la cuadratura del círculo

En la mayoría de los países occidentales, la jornada escolar es continua y no se decide ni siquiera a nivel del centro. En muchos de ellos se utilizan sus instalaciones para ofrecer una serie de actividades extraescolares, a cargo de otros profesionales, en la jornada asistencial.

Que todos, incluso los docentes, aceptemos que sea una decisión en la que participa toda la comunidad educativa indica hasta qué punto hemos dejado de reconocernos como profesionales y expertos de la educación.

En toda la Unión Europea las administraciones son conscientes de que van a tener una falta grave de profesorado en el futuro. Las razones ya las he analizado en artículos anteriores, pero quiero destacar la del reconocimiento social. Mientras que a los docentes no se les reconozca y se respeten sus decisiones, y toda la sociedad piense que puede opinar y decidir sobre cuestiones pedagógicas al considerar que no se requiere un conocimiento específico, nuestra profesión seguirá siendo poco atractiva y el plan B de demasiados estudiantes y futuros profesionales.