Balance del curso 2020-2021

Andrés Cebrián del Arco

Próximo a su finalización, es el momento de hacer balance de un curso anómalo en el que los problemas habituales han quedado relegados a un segundo plano y han dado paso a otros que difícilmente podríamos imaginar: clases telemáticas, grupos mixtos o de convivencia estable y, por supuesto, medidas de higiene y seguridad frente al COVID.

Todos los sectores y ámbitos de la educación se han visto afectados por la pandemia y han tenido que reprogramar su actividad para adaptarse a una situación hasta ahora desconocida. El devenir de la labor sindical no ha sido ajeno a esta crisis. Los procesos de negociación que se iban a iniciar, o que ya se estaban llevando a cabo, con la Administración educativa madrileña antes de marzo de 2020, algunos de gran calado, como la recuperación de las 18 horas lectivas en Secundaria o la reducción a 23 en Primaria, quedaron en standby y fueron reemplazados por otros que la realidad y la necesidad del momento imponían, como protocolos de seguridad, vacunación de docentes o regulación del teletrabajo.

Sin embargo, el balance final es positivo, gracias a la profesionalidad y gran capacidad de adaptación de los docentes, que se han “dejado la piel” para que el curso transcurriese con la mayor normalidad, en un marco de crisis sanitaria. En esta situación excepcional, ha sido necesaria cierta flexibilización de los currículos y programaciones didácticas, para priorizar los contenidos fundamentales y adaptarse a la educación no presencial en determinados niveles.

Es de justicia destacar el comportamiento y la actitud del alumnado, que desde el primer momento ha sabido asumir su responsabilidad, ha cumplido los nuevos protocolos, ha soportado las bajas temperaturas debidas a la ventilación cruzada, ha visto limitada su movilidad y circulación por los centros, así como sus relaciones sociales, y ha cumplido con sus obligaciones, a pesar de la novedad y las particularidades de la teledocencia. Asimismo, ha sido muy importante la colaboración de las familias.

Si bien al principio del curso el panorama resultaba incierto, tanto por la precipitación con la que se adoptaban las medidas como por la evolución de la pandemia, se ha asegurado la continuidad del servicio educativo y se ha logrado una mayor presencialidad de la prevista inicialmente.

La profesionalidad y gran capacidad de adaptación de los docentes han asegurado el servicio educativo

Es momento de hacer balance y memoria del curso que termina, pero también de programar y planificar el siguiente. Aunque el horizonte sigue siendo incierto, las perspectivas son más alentadoras. No obstante, no será un curso normal. El mantenimiento de algunas de las medidas adoptadas para el curso que concluye, como la reducción de ratios y la contratación del profesorado necesario para su implementación, desdobles y refuerzos, será primordial.

Alguna lección se debe extraer de la dura situación vivida en este periodo. Aprender del pasado supone mejorar el futuro.

La pandemia ha evidenciado las carencias de nuestro sistema educativo, no solo en cuanto a digitalización o formación en nuevas tecnologías, sino también aquellas relacionadas con la falta de recursos materiales y, sobre todo, humanos. Uno de los grandes problemas que debió afrontar la Administración fue la falta de docentes para contratar. En muchas especialidades, tanto de Primaria como de Secundaria, las listas ordinarias y extraordinarias de interinos se agotaron. Este problema no solo afectó a la Comunidad de Madrid, pero es aquí donde se manifestó con mayor intensidad, dado que las retribuciones y otras condiciones laborales del profesorado madrileño distan mucho de las de otras comunidades autónomas.

El mantenimiento de medidas como la reducción de ratios y la contratación del profesorado necesario para su implementación, desdobles y refuerzos, será primordial.

La solución no pasa, como así se hizo, por flexibilizar los requisitos de contratación, sino por la adopción de medidas, incluidas las retributivas, que contribuyan al reconocimiento y prestigio de la profesión docente, la consolidación de unas ratios más reducidas y la disminución de la carga lectiva del profesorado, dada su innegable incidencia positiva en la calidad de la educación.

ANPE-Madrid lleva años reivindicando el incremento del presupuesto en educación para poder llevar a la práctica estas medidas, cuya urgencia ha puesto de manifiesto la pandemia.