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Jun 06

Balance de un curso que se termina

Francisco Melcón, presidente de ANPE-Madrid.

Francisco Melcón, presidente de ANPE-Madrid.

En unos días diremos adiós a otro curso escolar. Un año de duro trabajo en difíciles condiciones que, además, coincide con la recta final de la presente legislatura. Creo que se impone hacer balance.

Yo soy profesor y partidario de una evaluación objetiva de los hechos, en este caso, la enseñanza pública en la Comunidad de Madrid. Para ello, he colocado en una balanza lo bueno y lo malo; lo peleado; lo conseguido y lo logrado… Lo perdido; los recortes, las políticas, los derechos del profesorado, etc. He hecho examen y mi conclusión no podría ser más desalentadora: la situación educativa no mejora.

Y no es porque la enseñanza pública madrileña tenga unos malos mimbres. ¡No! Los cimientos, que son su profesorado, son fuertes, pero los ladrillos que deben darle forma y apuntalar su crecimiento están debilitándose. La falta de un mínimo contenido negociador en la Mesa Sectorial –reducida a un papel testimonial–, la ausencia de transparencia, y la falta de comunicación con los representantes del profesorado siguen siendo la tónica dominante. Los canales de comunicación con los agentes sociales han sido dinamitados por la Consejería de Educación y cada vez se hace más difícil, sino imposible, tender nuevos puentes o reconstruir los ya existentes. No hay diálogo y mucho menos consenso.

La Administración se ha enrocado en una actitud antisindical y en la toma de decisiones unilaterales, con un talante que genera crispación y una forma de conducir la educación que no puede (ni debe) continuar. El debate, necesario y constructivo, sobre los temas educativos no existe ni en el Consejo Escolar ni en la Mesa Sectorial. La Consejería de Educación ha encontrado en los titulares de prensa el medio para anunciar sus medidas educativas, dejando de lado al profesorado y a sus representantes. Ha preferido provocar una suerte de debate demagógico en los medios de comunicación, lejos de miradas expertas, en su búsqueda del aplauso fácil. Y no le ha importado poner en solfa la valía del profesorado que está a su cargo, cuestionando su profesionalidad o cualificación.

El curso que termina, a un año escaso de las elecciones autonómicas, ha dejado patente la falta de interés del Gobierno regional por la enseñanza pública, más allá de proyectos estrella como el Bilingüismo o el Bachillerato de Excelencia, que a duras penas pueden maquillar el paulatino desmantelamiento de la escuela pública.

La falta de inversión; la disminución de las plantillas; la reducción de otros programas básicos; la apuesta por un modelo que no considera a la enseñanza pública el pilar fundamental del sistema educativo; el cierre paulatino de unidades de la red pública desde hace varios años, sin que disminuyan los conciertos; la idea recurrente de que el servicio educativo no debe ser prestado necesariamente por la Administración ni por funcionarios, sino que puede transferirse a la iniciativa privada, con tal de que el ciudadano esté satisfecho, nos llevan a concluir que tanto el Gobierno regional como la Consejería de Educación tienen el objetivo de avanzar hacia la privatización de la prestación del servicio educativo. Algo que ya se intentó, sin éxito, con la sanidad madrileña.

La desconsideración (por usar un término suave) hacia los docentes madrileños, sus docentes, ha evidenciado el verdadero talante y los tics de quienes dirigen la educación madrileña.

No han dudado a la hora de llamarnos vagos, privilegiados e ignorantes, señalándonos como responsables de las deficiencias del sistema educativo. Y tampoco les ha temblado el pulso a la hora de atribuirse para sí los méritos del mismo sistema que critican (y gestionan). Sólo hay que volver a leer las declaraciones del Gobierno sobre los resultados de PISA.

Defienden un concepto añejo y simplista de la educación reducido a algunos tópicos, cuando la forma de vida y las sociedades evolucionan y son cada vez más complejas. Lejos de reforzar los atributos profesionales de los docentes, el Ejecutivo parece que busca reducir sus competencias en favor de un tipo de profesor que sea un mero ejecutor de directrices metodológicas y curriculares. Unas concepciones que están alejadas de la realidad social y de la tradición educativa española de los últimos treinta y cinco años, que se perciben extemporáneas y ajenas al sentir mayoritario del profesorado y de la comunidad educativa.

He hecho balance y, si bien el profesorado de la enseñanza pública madrileña ha realizado un trabajo sobresaliente, su Consejería de Educación ha sacado el más clamoroso de los suspensos.

La enseñanza pública funciona gracias a ti

La enseñanza pública funciona gracias a ti

Dic 02

Más criterios de subjetividad con la LOMCE

Manuel Diez Diez

MECD-bn

Puerta del Ministerio de Educación (fuente: anpe-madrid.com)

La LOMCE con más pena que gloria, a mi manera de ver, va cumpliendo trámites parlamentarios. Por si fueran pocos los motivos de discordia y controversia, uno más: habrá interinos que podrán “hacerse definitivos”, amparados en “la calidad” con evaluación positiva y si la vacante no está cubierta por un funcionario de carrera podrá continuar el interino que haya tenido “la suerte” de caer en esa plaza.

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