Etiqueta: disciplina

La motivación de Wang

Rosalia2016

Rosalía Aller Maisonnave

… porque consideren los que heredaron nobles estados
cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial,
y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria,
con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto.
Lazarillo de Tormes, 
Prólogo

A  diario redes sociales y telediarios compiten por difundir noticias que muestran la cara más baja, perversa, deshonesta o patética de nuestra especie. Cuando entre ellas aparece una rara avis que evidencia, desde su sencillez de hecho cotidiano, la otra dimensión, la admirable, la heroica, el hecho se convierte en sorpresa y, rápidamente, se vuelve viral. Estamos necesitados de belleza interior, de bondad, de verdad.

Recién inaugurado el 2018, golpeó conciencias la conmovedora historia de Wang Fuman. A sus ocho años camina a diario 4,5 kilómetros para llegar a la escuela, con ropa inadecuada para resistir las temperaturas bajo cero que han dejado su pelo como un gran copo de nieve. Ni la inclemencia del clima ni la pobreza de su entorno ni las risas de sus compañeros ni la insensibilidad de las autoridades impiden que cumpla rigurosamente con la asistencia y sea un alumno destacado en matemáticas, escribiendo con unas manitas heridas y prematuramente envejecidas por el intenso frío.

Ha sido su sabio maestro quien ha tomado y difundido esta foto cargada de simbolismo, para hacer visible una dura realidad, que pronto generó como respuesta una generosa recaudación para revertir la situación precaria del niño, otra noticia que puede animarnos a seguir creyendo en lo mejor de la condición humana. La otra cara de la moneda es que, según también informan los medios, el pequeño solo ha recibido un 2 % de esos donativos. La organización recaudadora ha decidido que el resto (¡el 98 %!) estará destinado a “otros niños que viven como él en condiciones precarias”. Puede ser, pero de ellos debería ocuparse el Gobierno –añadimos– en lugar de administrar “discrecionalmente” un dinero que no era para sus manos, sino para las enrojecidas y maltrechas del pequeño Wang.

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“And the winner is…”

 fernandowebFernando Martín Ferreras

 

El Global Teacher Prize es un premio anual de 1 millón de dólares de la Fundación Varkey entregado a un/a maestro/a innovador/a y comprometido/a que haya tenido un impacto inspirador en su alumnado y en su comunidad.

El ganador o la ganadora es elegido/a por la importante Academia del Global Teacher Prize, compuesta por directores de escuela, expertos en educación, comentaristas, periodistas, funcionarios públicos, emprendedores tecnológicos, directores de empresas y científicos de todo el mundo. (Fuente: Wikipedia).

Este premio de unos años para acá (lleva tres ediciones) se ha convertido en foco mediático, al menos en España, a raíz de encontrarnos en sus ediciones con representantes de nuestro país.

No seré yo quien dude de la capacidad de nuestros docentes elegidos, pero sí que me gustaría incidir en el perfil de quienes son objeto de alabanzas por parte de un jurado compuesto, como antes he reflejado, en su inmensa mayoría por personas ajenas al ejercicio de la docencia de la franja de edad exigida a los candidatos.

El perfil es el de un maestro “innovador y comprometido”, que para este jurado parece ser alguien que apuesta por el efectismo en sus clases más allá de la capacidad de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje, siendo de esta manera “innovador” frente a “tradicional”. Creo que la gran mayoría de los docentes de este país lo son, y lo son porque más allá de hacer trucos de magia, vídeos en YouTube o tocar el cajón flamenco son capaces de dar lo mejor de sí mismos cada día que pisan su centro educativo, de emplear —pese a las trabas burocráticas, excesivas ratios, familias poco colaboradoras o alumnos disruptivos— todos sus recursos pedagógicos y la experiencia adquirida, sin alardes asombrosos y adaptándolos al grupo, al individuo, al momento concreto y al objetivo propuesto, para sacar lo mejor de su alumnado. Un docente está innovando desde el momento en que adapta sus propuestas al interés de los alumnos, a sus conocimientos previos o a sus necesidades. Y eso lo hace cada día, planificando, aplicando y evaluando los resultados.

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En contra de una escuela inclusiva

Ricardo Moreno Castillo

 

El título de la conferencia puede parecer reaccionario y políticamente incorrecto. Y en efecto, sería reaccionario si fuera la expresión de un deseo, pero no es así. Es la constatación de lo que a mi juicio es una imposibilidad. No cabe duda que sería deseable una enseñanza obligatoria hasta los dieciocho años de la cual salieran todos con una solidad formación científica y humanística, dominando el latín y un par de lenguas modernas. Sería estupendo, pero sabemos que no es posible. No todo el mundo tiene la inteligencia, y la capacidad de trabajo para ello. Y si nos empeñamos en conseguir lo imposible gastamos un tiempo, unos recursos y unas energías que estarían mejor invertidas en conseguir lo que sí es posible. Algo así como si desviáramos parte de los recursos dedicados a la investigación médica a crear una pócima que conceda la inmortalidad. No solo no se conseguiría la inmortalidad, sino que la sanidad retrocedería al quedar con menos recursos. Entonces desearía que antes de descalificar este discurso como reaccionario y retrógrado se reflexionase cuidadosamente sobre los argumentos que vendrán a continuación. Puedo estar equivocado, por supuesto, y que la inmortalidad sea posible, pero mientras no se me convenza de ello es absurdo llamar reaccionario a quien piensa que la muerte es inevitable.

El mismo aire que hace posible

el vuelo también lo dificulta

 

Además, el tema del cual vamos a tratar es más amplio de lo que indica el título, pues la alternativa entre escuela inclusiva y exclusiva no es más que una manifestación de otras que a su vez no son más que la natural consecuencia de la misma finitud del mundo y la de la condición humana. Y esa finitud da lugar a tres limitaciones extremadamente dolorosas pero que negarlas en nombre de lo políticamente correcto solo lleva a utopías irrealizables y a delirios. Las tres limitaciones son las siguientes:

1. Toda posibilidad es un límite.
2. La igualdad de oportunidades genera desigualdades.
3. La libertad y la igualdad son casi siempre cada una de ellas la frontera de la            otra.

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La disciplina, un fin en sí misma

Carolina Fernández del Pino Vidal

 

Este verano Alberto Royo, un profesor, músico y autor de libros sobre la educación, mantuvo una conversación en Twitter sobre la disciplina. Se inició cuando alguien aludió a lo necesaria que era para poder desarrollar cualquier actividad educativa y derivó hacia el planteamiento de que, en realidad, además de ser necesaria para poder impartir clase, la disciplina tenía valor por sí misma.

Nunca me había detenido a pensarlo, pero en cuanto lo plantearon me di cuenta de que tenían razón. La disciplina es un valor humano, un hábito que debe enseñarse no solo por su importancia como elemento necesario para cualquier entorno educativo, sino sobre todo por el valor que tiene para el desarrollo de las personas y la convivencia en la sociedad.

La palabra “disciplina” viene de discere, “aprender”. Una de las definiciones que más me gusta es “manera ordenada y sistemática de hacer las cosas, siguiendo un conjunto de reglas y normas”.

La palabra “disciplina” 

viene de discere, “aprender”

 

Cualquier actividad, desde la más nimia, tiene unas reglas y normas que la rigen: cocinar, tocar un instrumento, utilizar las escaleras mecánicas del metro, conducir, etc.

Toda vida feliz se asienta necesariamente sobre la disciplina. Nos permite enfrentarnos a cada aspecto de nuestras vidas, no solo a esas que son consideradas actividades laborales o estudiantiles sino también, por ejemplo, a las relaciones personales. Las relaciones humanas solo podrán funcionar y ser satisfactorias para ambas partes si somos disciplinados. Yo me disciplino para comportarme o realizar acciones que a priori pueden no apetecerme, pero que son beneficiosas para la relación o para la otra persona y para mí misma. La disciplina coarta el instinto primitivo de reaccionar en cada momento de forma natural, lo que podría dañar a las otras personas o a mí. El instinto natural lo tenemos todos, y sin educar, sin disciplinar nuestra vida, tal como la conocemos no sería posible.

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La nueva alfabetización y el buen criterio

Rosalía Aller Maisonnave

 

El término “neoalfabetización” ya no es nuevo. Aunque el Diccionario académico aún no lo recoge, la pionera red de redes le confiere numerosas entradas, muchas de ellas en el Google Académico, cuya consulta –dicho sea de paso– recomendamos.

Según la UNESCO, el concepto de “alfabetización” tiene numerosas implicaciones, más allá de la enseñanza de la lectoescritura. Esta organización considera “la adquisición y el perfeccionamiento de las competencias de lectoescritura a lo largo de toda la vida como parte intrínseca del derecho a la educación”. Asimismo, hace referencia a su “efecto multiplicador”, pues permite que los pueblos participen plenamente en la sociedad, pero también la considera una “fuerza motriz del desarrollo sostenible”, al favorecer una mayor participación de las personas en el mercado laboral, mejoras en la salud y la alimentación, reducción de la pobreza y ampliación de sus oportunidades de desarrollo.

 

Entre las enseñanzas hemos de incluir,

junto a los conocimientos sólidos,

estrategias que favorezcan el desarrollo

del espíritu crítico

 

Un paso más se ha dado en las últimas décadas y podría decirse que estamos ante una nueva forma de alfabetización: la que ha de preparar para la comprensión e interpretación de un mundo donde lo digital, siempre mutante, ha adquirido un desarrollo exponencial y se ha imbricado de tal forma en nuestras vidas que ya no podemos –quizás tampoco queremos– escapar a sus redes, metafórica y realmente hablando.

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Aprender un segundo idioma: presente o passé composé?

Sofía Bernardo Jáñez

 

“Yo ya hablo inglés, profe… ¿para qué quiero aprender francés??” Una frase que sin duda han escuchado muchos profesores de segunda lengua extranjera.

Aprender inglés es fundamental para la educación de nuestros niños. Sin embargo, no es suficiente. Existe esa falsa creencia entre nuestros estudiantes de que si se sabe inglés ya no se necesita aprender más idiomas. Parecen haber interpretado que es más que suficiente.

Lamentablemente, el tiempo les demostrará que se equivocaban. En los demás países europeos también se aprende inglés. Todos conocen y manejan el idioma casi a la perfección. Pero en todos se imparte un segundo y hasta un tercer idioma.

 

El esfuerzo y la perseverancia son

las asignaturas pendientes de los estudiantes

 

El dominio de dos o más idiomas es una recomendación del Marco Común Europeo de Referencia. En una época en que existe tanto movimiento de estudiantes entre países, parece obvio que dominar únicamente un idioma extranjero es insuficiente. Ni que decir tiene que, si no se dan cuenta antes, lo harán cuando salgan al mercado laboral.

Sin embargo, los alumnos que optan por la enseñanza de un segundo idioma han disminuido considerablemente en los últimos años.

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Satisfacción de las familias madrileñas con la educación

Andrés Cebrián del Arco

 

El pasado mes de noviembre la presidenta regional, Cristina Cifuentes, presentó en el Pleno de la Asamblea de Madrid los resultados del primer Estudio sobre el grado de satisfacción de las familias madrileñas con la educación en la Comunidad de Madrid. Para dicho estudio se realizaron, entre los meses de septiembre y octubre, 1.600 entrevistas telefónicas a familias con hijos estudiando en centros educativos (públicos, concertados y privados) de la Comunidad de Madrid, durante el curso 2016-17, en las etapas de Educación Primaria y Secundaria.

La calificación que recibe el profesorado

es muy positiva

 

El 55,6 % de las familias consultadas tenían a sus hijos matriculados en centros públicos, el 38,1 % en concertados y el resto, el 6,4 %, en centros privados. De todos ellos, el 61,9 % cursaba estudios de Primaria y el 38,1 % de Secundaria Obligatoria.

El estudio recoge, entre muchas otras, las opiniones de las familias sobre el profesorado, el funcionamiento del centro, la adecuación de las tareas extraescolares (deberes), la jornada escolar, etc.

La calificación que recibe el profesorado es muy positiva. El 76,9 % de media de las familias encuestadas se muestran satisfechas o muy satisfechas con la forma de enseñar, la preparación de las clases, la motivación y la atención a los alumnos, la innovación y la comunicación con las familias de los docentes madrileños.

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El lenguaje, la neolengua, la tiza y el pizarrín

Carolina Fernández del Pino Vidal

 

El lenguaje lo definió Sapir como el método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada.

Es un sistema que una comunidad humana creó, aceptó y a lo largo de su andadura como grupo humano ha ido adaptando a su realidad cambiante. Es evidente que esta adaptación es necesaria para poder identificar, explicar y transmitir nuevas realidades o modificaciones a las antiguas.

Un lenguaje político… diseñado para

que las mentiras parezcan verdades

 

Por ejemplo la palabra “siesta”, del latín sexta, designaba la hora sexta, la tercera de las cuatro partes en que dividían los romanos el día y comprendía desde el mediodía hasta la media tarde. Luego pasó a significar el tiempo después del mediodía, en que aprieta más el calor, para después pasar a referirse al tiempo destinado a descansar después del mediodía. Hoy se llama siesta al sueño que se toma después de comer y al tiempo destinado para dormir o descansar, después de comer.

Y así una palabra destinada a referirse a un momento del día pasó a utilizarse para hacer referencia a lo que ocurre durante ese tiempo.

La adaptación de las palabras y el lenguaje a nuevas realidades es un hecho necesario y que ocurre casi sin que los usuarios se den cuenta. Normalmente son cambios evolutivos que se producen a lo largo de un periodo prolongado alejándose poco a poco, como la vida misma que reflejan, de su acepción original.

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Si un suspenso no es un suspenso, somos boyas a la deriva

Carolina Fernández del Pino Vidal

 

Como soy hija de mis tiempos, fui educada oralmente, informada por breves resúmenes de los contenidos de los escritos de grandes pensadores, de los grandes hechos de la historia. Solo tengo trazos difusos de lo que me precede y a veces esto me deja intelectualmente indefensa ante la realidad. Por lo que ante los acontecimientos recientes y no tan recientes que están marcando mi vida adulta, decidí “ojear” un libro del que me han llegado “oralmente” perlas preciosas, ante la posibilidad de que tal vez pudiese aportar algo de luz a lo que percibo como un descenso vertiginoso hacia la mediocridad o la falta de valores humanos.

El ser humano siempre me ha fascinado por su característica y diferenciadora costumbre de esforzarse, de evolucionar, de buscar respuestas, avances, soluciones, de buscar la luna, entender el cosmos y adentrarse en el infinito. Sin embargo ahora tengo la incómoda sensación de que hemos abandonado por completo esta faceta tan exclusivamente “humana”, paralizados ante una poco fructífera discusión de cómo se reparte el pastel, hasta convertirlo en migajas sobre las cuales seguimos discutiendo mientras el inexorable paso del tiempo, como el viento, se las va llevando y deja cada vez menos que repartir.

Ortega y Gasset en la introducción de La rebelión de las masas dice que:

Definimos el lenguaje como el medio que nos sirve para manifestar nuestros pensamientos. Pero una definición, si es verídica, es irónica, implica tácitas reservas, y cuando no se la interpreta así, produce funestos resultados. Así ésta. Lo de menos es que el lenguaje sirva también para ocultar nuestros pensamientos, para mentir. La mentira sería imposible si el hablar primario y normal no fuese sincero. La moneda falsa circula sostenida por la moneda sana.

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Historia de las oposiciones

Esteban Serrano Tamayo

 

Los primeros antecedentes sobre la selección de profesorado en España los encontramos por el año 1588. En esta época, Felipe II achacaba los problemas que sufría la población a su gran ignorancia y pensaba que la solución estaba en la educación. Por ello, ideó un sistema de exámenes para seleccionar al mejor profesorado. Así, dentro de este proceso, establecía una serie de requisitos para los docentes como ir a la Corte para ser examinados, conocimientos en Doctrina Cristiana, Aritmética, Lengua castellana, etc.

El establecimiento de la Función Pública en el siglo XIX lleva pareja la regulación legal de los exámenes de acceso a través del Real Decreto de 18 de junio de 1852, bajo el Gobierno de Bravo Murillo. Esta situación no garantiza la inamovilidad en la condición de empleado público, continuando el fenómeno conocido como “cesantía” (paga que disfrutaban ciertos empleados cesantes, de acuerdo con las leyes).

La estabilidad del empleado público, una vez superada la fase de examen, solo se conseguiría con el denominado Estatuto Maura, aprobado mediante la Ley de Bases de 22 de julio de 1918. A partir de este momento, solo se perdería la condición de funcionario por motivos disciplinarios y no por los cambios de Gobierno.

La Constitución española de 1978 ratifica esta práctica mediante la posibilidad de acceso a la Función Pública cuando se acrediten los principios de igualdad, mérito y capacidad.

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