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No sin el profesorado

Francisco Melcón Beltrán

 

A punto de finalizar el primer trimestre del curso, son varios los asuntos relacionados con la educación que han concitado el interés mediático, tanto en la Comunidad de Madrid como a nivel nacional. Una vez más, el foco se ha puesto sobre el papel del profesorado, en relación a la recurrente búsqueda de la mejora de la calidad educativa. 

Para garantizar la paz en el sector, antes de la cita electoral del 20 de diciembre, el ministro de Educación ha puesto sobre la mesa la necesidad de alcanzar un pacto educativo y para ello ha provocado una polémica innecesaria, en los medios de comunicación, a cuenta del encargo que realizó al profesor Marina para que hiciese un Libro blanco sobre la profesión docente. En él se han incorporado algunas tesis o propuestas que han generado suspicacias entre el profesorado y las organizaciones sindicales. Este libro pretende ser el punto de partida para el debate que promoverá el ministro de Educación entre todos los miembros de la comunidad educativa (sic) sobre el futuro de la profesión docente.  

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El Gobierno concede a don Abel Martínez Oliva la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, solicitada por ANPE

El Consejo de Ministros ha aprobado un Real Decreto por el que se concede, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio a Don Abel Martínez Oliva por cumplir con su deber como profesor, protegiendo a sus alumnos y compañeros profesores en el IES Joan Fuster de Barcelona.

El pasado 20 de abril, Abel Martínez Oliva fallecía trágicamente a manos de un alumno de trece años, al defender a una compañera que resultó herida, al igual que otra docente y dos alumnos.

Abel Martínez, de 35 años, había nacido en Lérida y era licenciado en Historia. Impartía clases de Ciencias Sociales en este centro desde hacía solo diez días, en sustitución de una colega. Como tantos profesores interinos, se veía obligado a recorrer institutos de Cataluña, desplazarse muchos kilómetros, preparar nuevos temas constantemente, algo que hacía con suma responsabilidad y vocación. Compañeros y amigos elogiaron la pasión por la enseñanza de Abel, seguidor del Barça, aficionado a la música, los deportes y los cómics, con cuyos héroes fue comparado. Sus alumnos, conmocionados, enviaron numerosos mensajes de despedida.

El presidente nacional de ANPE, Nicolás Fernández Guisado, solicitó en la Comisión Permanente del Consejo Escolar del Estado la concesión, a título póstumo, de la Gran Cruz de Alfonso X para D. Abel Martínez Oliva, el docente muerto violentamente en el ejercicio de sus funciones. El Consejo Escolar del Estado ha enviado sendas cartas al centro y a la familia del fallecido, expresando sus condolencias y anunciando que solicitará al Ministerio que inicie cuanto antes el proceso para otorgar esta alta distinción.

Por su parte, Francisco Melcón Beltrán, presidente de ANPE-Madrid, también pidió en la Comisión Permanente del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid la reprobación por el trágico fallecimiento de este profesor y que el Presidente de este consejo trasladase el apoyo y las condolencias a la familia y a la comunidad educativa del centro.

La Orden Civil de Alfonso X el Sabio se destina a premiar a las personas físicas y jurídicas y a las Entidades tanto españolas como extranjeras, que se hayan distinguido por los méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia y la investigación o que hayan prestado servidos destacados en cualquiera de ellos en España o en el ámbito internacional, según establece el Real Decreto 954/1988, de 2 de septiembre, en su Artículo 1º.

Desde ANPE consideramos que la concesión de la máxima condecoración civil de España es un merecido homenaje al profesor, su familia y compañeros, y un reconocimiento a la callada y constante labor de los docentes que a diario ejercen su vocación en las aulas.

 

Todo vale cuando se trata de un profesor

 

inmaculada Suárez Valdés

Inmaculada Suárez Valdés

 

 

Antes todo era más sencillo. La comunicación entre padres y profesores discurría por otros derroteros: diálogo directo, entrevista con el profesor, escucha activa y el pensamiento más o menos generalizado de que la colaboración entre ambas partes era imprescindible en la educación de los hijos.

Pero eso era antes, cuando estaban delimitadas las funciones y competencias de cada sector de la comunidad educativa y al profesor se le reconocía como autoridad en su función educadora y como persona especialista en su materia.

No sé muy bien en qué momento se abandonó el camino; lo que sí sé es que distintas circunstancias y actitudes nos han conducido a un terreno de arenas movedizas que cada día se hace más difícil de sortear. Tanto cuidado debemos prestar a que una mirada no sea mal interpretada, a que un tono de voz, una broma, una llamada de atención no nos traigan problemas que andamos al final más atentos al cómo lo digo –para que nadie se sienta ofendido– que al contenido que estamos trasmitiendo.

Desde la Administración y nosotros mismos hemos permitido que el virus del “todo vale cuando se trata de un profesor” se haya inoculado en el mundo educativo. Nuestra postura de inacción y el pensamiento mágico: a mí esas cosas no me pasan –hasta que me pasan– contribuyen a perpetuar las conductas difamatorias y agresivas que muchas veces los padres utilizan contra nosotros.

Resulta preocupante el cariz que están tomando estas malas prácticas. Hablo con conocimiento de causa. El servicio del Defensor del Profesor recibe diariamente llamadas de profesores/as que denuncian los malos modos, los gritos, insultos, injurias, denuncias… que están sufriendo de unos padres que no tienen reparo en recurrir a la mentira, a la exageración, a sacar las cosas de contexto con tal de dejar claro que son dueños de vidas y haciendas y los que imponen las normas, aunque estas nada tengan que ver con el hecho de educar, formar o adquirir conocimientos.

Pero lo más triste de todo es el refuerzo que reciben estos padres en sus actuaciones: direcciones que escuchan y permiten, junto con las difamaciones, los malos modos de alumnos y progenitores; una Inspección que se presta al juego y prejuzga antes de conocer los hechos. El sentido común debería bastar para darse cuenta de la sinrazón de lo que se denuncia. Pero lo cierto es que una vez abierta la veda el profesor lo tiene difícil, al menos durante el tiempo que dura la cacería.

Da igual que esos mismos padres hagan alarde de prepotencia en el momento de la denuncia, se muestren violentos en sus expresiones o maleducados; que las cuestiones que se planteen tengan más que ver con un afán de dictar sus propias normas que con que el profesor haya transgredido alguna de las normas establecidas en el plano administrativo, personal o pedagógico

Y lo que más llama la atención de todo. Estos responsables de la Administración, que no aguantarían del profesorado una palabra más alta que otra, que reaccionan con severidad si creen sentirse amenazados ante cualquier observación contraria a sus propuestas, exigen que sus administrados pasen por las horcas caudinas de padres y alumnos si no quieren ver cómo a estos se les sirve en bandeja su vida profesional en forma de expediente administrativo.

Ellos mandan porque nosotros obedecemos

Inmaculada Suárez Valdés

Inmaculada Suárez Valdés

 

 

Es difícil educar si al que se le educa no desea ser educado. Es muy difícil impartir conocimientos si el receptor de los mismos se niega a recibirlos.

La situación actual de la enseñanza discurre en no pocas ocasiones por estos derroteros: grupos ingobernables, alumnos impertinentes, provocadores, coléricos sin causa, con poca tolerancia a la frustración, alumnos que llevan como santo y seña en sus actuaciones cuestionar y doblegar al profesor.

En algo nos hemos debido de equivocar si cada día con más frecuencia –y aquí no vale echar balones fuera– al enfrentarnos a ciertos grupos o a ciertos alumnos del grupo, se nos hace un nudo en el estómago y nuestras palpitaciones suben de nivel.

Es cierto: los alumnos han cambiado y no son lo que eran, pero nosotros como colectivo, no nos engañemos, hemos propiciado este cambio.

21_ellosmandan_pArrastrados por la corriente de ciertas metodologías pedagógicas, bienintencionadas desde luego, hemos querido ser tan democráticos, tan dialogantes que hemos convertidos a niños y adolescentes en pequeños tiranos que ejercen su despotismo sin ningún miramiento: ellos deciden, mandan, organizan, están en posesión de la verdad, merecen la máxima credibilidad, y nosotros, profesionales ya acostumbrados a ser cuestionados por la Administración, padres, alumnos, equipos directivos o compañeros, obedecemos.

El problema no son solo los alumnos, también lo son nuestras actuaciones, las ideas que tenemos sobre el papel que debemos desempeñar en la educación, nuestros miedos, nuestros complejos.

Flaco favor hacen al conjunto del profesorado ciertos directores que asumen como función propia la defensa y protección del alumno, según ellos, el eslabón más débil. Esto es lo que denuncia un cierto número de profesores que perciben que estos directores, ante conductas contrarias a la convivencia, permiten o disculpan actuaciones de padres o alumnos, dejando indefensos a los profesores, sin justificación alguna. Señores, la Ley está para cumplirla.

Carta del presidente de ANPE-Madrid: elecciones sindicales

 

        Francisco Melcón Beltrán        presidente de ANPE-Madrid

 

Querido/a compañero/a:

La docencia tiene un relevante papel social y contribuye decisivamente al desarrollo de cada individuo y al progreso de la sociedad. Algo que, al parecer, no quieren entender nuestros gobernantes, insensibles con nuestro trabajo y con las dificultades que encontramos a diario en las aulas.

Nuestra situación ha ido empeorando año tras año con una pérdida sin precedentes de derechos retributivos, laborales y sociales, reflejada en una mengua en derechos laborales y retributivos, el aumento del horario lectivo y de las ratios, la tardía cobertura de las bajas por enfermedad, las condiciones precarias del profesorado interino y una larga lista de recortes que seguimos padecido.

Los docentes hemos sufrido en Madrid una reducción del 30 % en nuestro poder adquisitivo en los últimos cuatro años, como consecuencia de la rebaja del sueldo en 2010, las sucesivas congelaciones salariales y la injusta supresión de la paga extra de 2012. Para 2015 se anuncia la quinta congelación, otro duro golpe a las condiciones de trabajo del profesorado de la enseñanza pública.

Y a todo esto se añaden los reproches y dudas sobre nuestra profesionalidad, que lesionan gravemente la consideración social de los docentes y nos han hecho tanto daño como los propios recortes.

El trato directo con los alumnos es el hecho más importante y gratificante de esta profesión, que a pesar de todo nos entusiasma. Estamos apasionados por la educación, por la tarea que la enseñanza pública realiza para el bien común y por sus posibilidades de abrir horizontes en la sociedad.

ANPE demanda al Gobierno Regional un incremento urgente de la inversión educativa, que ha descendido en miles de millones de euros desde 2010, la recuperación del poder adquisitivo del profesorado y la mejora de las condiciones en que se desarrollan los procesos de enseñanza-aprendizaje en nuestra comunidad.

Es preciso que la sociedad entera —políticos, familias, agentes sociales y medios de comunicación— realice un esfuerzo por reconocer la importancia de la tarea que llevamos a cabo los docentes, y la educación se convierta en un proyecto común, que suscite los mayores consensos y nos ayude a superar esta crisis.

Concurrimos a estas elecciones sindicales después de cuatro años de trabajo incansable pero con pocos frutos, debido a la intransigencia de una Administración regional que ha focalizado las medidas de ajuste presupuestario y los recortes en un servicio esencial como es la educación.

Por todo ello, ANPE exige:

El Defensor del Profesor, una década al servicio del profesorado

Inmaculada Suárez, responsable del servicio Defensor del Profesor de ANPE-Madrid

Inmaculada Suárez, responsable del servicio Defensor del Profesor de ANPE-Madrid

El próximo miércoles el sindicato ANPE presenta los datos anuales de Defensor del Profesor, una de las ruedas de prensa más esperadas del año para los medios del sector, pero también para el profesorado.

¿Por qué? Porque para los medios, lo datos que allí se ofrecen, además de ser totalmente objetivos, son una clara (y a veces triste) radiografía del estado anímico de nuestro sistema educativo, lo que los convierte en material de interés social e informativo con el que dotar de contenido a sus espacios. Son relevantes, son cercanos y son veraces, el sueño de todo periodista.

Pero ésta también es una cita importante para el profesorado, ya que el informe anual del Defensor del Profesor destapa ante la opinión pública los problemas reales a los que se enfrenta un docente en su tarea diaria en el aula. Y lo que es más importante, quien pone sobre la mesa los problemas de los profesores son también profesores, que entienden por lo que atraviesan (empatizan) y así se lo trasladan a la opinión pública.  No hay trampa ni cartón. Son docentes hablando de los problemas que afectan a su profesión.

En 2015 se cumplirán diez años de la puesta en marcha de este servicio por parte del sindicato ANPE. Toda una década de trabajo dedicado a escuchar, resolver y denunciar situaciones complicadas: estrés, acoso e incluso de maltrato al profesorado.

 

El Defensor del Profesor, una década al servicio del profesorado

El Defensor del Profesor, una década al servicio del profesorado

En este tiempo el Defensor del Profesor ha atendido más de 20.000 llamadas y ha logrado todo un hito para la enseñanza madrileña, la promulgación de la Ley de Autoridad de Profesor de la Comunidad de Madrid, que ha establecido (entre otras cosas) la presunción de veracidad del docente. Esta ley se ha ido extendiendo paulatinamente al resto de la CCAA.

El miércoles se presentan los datos correspondientes al curso 2013-14. El jueves, el Defensor del Profesor continuará trabajando para cumplir otros diez años más de servicio y defensa de los intereses de los docentes.

ANPE-Madrid, docentes como tú

ANPE-Madrid, docentes como tú

ANPE-Madrid, docentes como tú

El Defensor del Profesor habla en los medios.

«Un alumno escribió un relato sobre mi propio asesinato. Era muy real». Así comienza el reportaje que publicaba este fin de semana la revista Yo Dona (elmundo.es) sobre los problemas de convivencia en las aulas. Y lo hacía a partir de una entrevista con nuestra defensora del profesor, Inmaculada Suárez, con quien analizaba cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan los docentes españoles.

«Los datos de la OCDE son escalofriantes y empeoran cada año: el 40,6% sufre intimidación y abuso verbal, cifra que supera la media del 36,4% en el resto de países encuestados (hablamos de 17 europeos más Brasil, México, Corea, Malasia y Turquía)», asegura la periodista, para después preguntarse: «¿Qué sucede con las normativas de convivencia de cada Comunidad Autónoma?».

Inmaculada Suárez, responsable del servicio Defensor del Profesor de ANPE-Madrid
Inmaculada Suárez, responsable del servicio Defensor del Profesor de ANPE-Madrid

En Madrid, en el año 2010 y gracias al concurso de ANPE-Madrid y al trabajo del Defensor del Profesor, se aprobó la Ley de Autoridad del Profesor,  una normativa pionera en España que, por primera vez, concedía presunción de veracidad al docente, frente a las declaraciones de padres y alumnos.

«Gracias a las estadísticas que elaboramos, las administraciones han empezado a prestar atención a la conflictividad en las aulas. Antes la agresión por parte de padres o alumnos se quedaba simplemente en una falta y, como mucho, suponía cien euros de multa. Ahora, con esta ley el docente goza de la presunción de veracidad. El acoso se considera delito. Ya ha habido una sentencia que condena a unos padres a ocho meses de cárcel, además de 900 euros de multa en concepto de indemnización y otros 150 euros por agredir al tutor de su hijo», detalla Suárez, quien subraya que debido a las múltiples denuncias recibidas han extendido este servicio al resto de las autonomías.

Desde la puesta en marcha del servicio, hace casi una década, el Defensor del Profesor ha atendido más de 20.000 llamadas de docentes de toda España. De estas, más de un 23% eran denuncias por problemas con la Administración y el 20% por dificultades a la hora de dar clase. La aprobación de normativa reforzando el papel del docente como Autoridad Pública ha servido para conceder cobertura legal al docente, que ahora se siente más protegido.

Sin embargo, todavía queda un largo camino por delante en el que el Defensor del Profesor continuará trabajando para exigir la aplicación efectiva del Decreto de Convivencia; el respeto a la presunción de veracidad establecida por el Artículo 6 de la Ley de Autoridad del Profesor, y la reversión de los recortes en educación causantes de muchos de los problemas a los que se tiene que enfrentar el profesorado.

Material informativo del Defensor del Profesor de ANPE-Madrid.
Material informativo del Defensor del Profesor de ANPE-Madrid.

Para ver el artículo de Yo Dona, pincha aquí.

 

 

«Si tu no te ayudas, nadie te va a ayudar»

 

Inmaculada Suárez, responsable del servicio Defensor del Profesor de ANPE-Madrid

Inmaculada Suárez, responsable del servicio Defensor del Profesor de ANPE-Madrid

Si volvemos la vista atrás intentando buscar causas y poner fecha a un hecho incuestionable como es el de la pérdida de autoridad del profesor, nos encontraremos con serias dificultades para determinar el cuándo y el porqué. Lo único que sí conocemos con certeza son las consecuencias que, por esta pérdida, estamos sufriendo.

Es cierto, la imagen que de nosotros han pretendido dar los políticos –declaraciones desafortunadas, por desgracia, no faltan–, en un intento de descargar responsabilidades propias sobre hombros ajenos, ha contribuido a que el vaso se desborde, pero no es menos cierto que, como colectivo, somos responsables de haber practicado poco la filosofía de autoayuda: si tú no te ayudas, nadie te va a ayudar.

En ocasiones no lo hemos hecho por temor a que nos pudiesen colgar el sambenito de malos profesionales, otras por la inseguridad que nos produce el sentir cómo, poco a poco, se nos van arrebatando nuestras competencias como educadores, con la aquiescencia de todo el entorno educativo. Hemos ido cediendo terreno ante las modernas teorías pedagógicas del laissez-faire, hasta llegar al punto en el que todo vale cuando el que lo sufre es el profesor.

Acostumbrados a guardar silencio y aguantar estoicamente los problemas de convivencia de todo tipo, nos olvidamos de algo importante y es que en nuestras manos está el exigir que se cumpla la Ley.

Y ejemplos positivos no nos faltan… Véase el caso de la profesora que, harta de aguantar el acoso de sus alumnos y de sufrir episodios de ansiedad y depresión, decidió poner una denuncia ante la policía. La prensa se hizo eco del suceso y se convirtió en noticia por la poca frecuencia con que se da este tipo de denuncia y por las consecuencias que esta tuvo para los alumnos, que hasta ese momento se consideraban impunes.

La ley del silencio, que se nos anima a practicar desde distintos sectores educativos de nuestro entorno, solo contribuye a perpetuar conductas antisociales. Cuando, ante hechos probados, prestamos oídos a aquellos que pretenden introducir en nosotros la sombra de la duda, induciéndonos a pensar que algo puede ser que hayamos hecho para merecer ese trato vejatorio, perdemos la oportunidad de que se haga justicia ante hechos injustificables y se dicten sentencias ejemplarizantes como algunas recientes. En ellas, las agresiones a profesores se han saldado con penas de hasta ocho meses de cárcel, además de las indemnizaciones y multas correspondientes.

Debemos ejercer nuestros derechos ante una agresión. (fuente: http://traficodeemociones.wordpress.com)

Debemos ejercer nuestros derechos ante una agresión. (fuente: http://traficodeemociones.wordpress.com)

 

Nadie pretende, desde luego, judicializar la convivencia en los centros, pero el pecado de omisión también nos puede pasar factura. El no actuar por la preocupación y el miedo de despertar iras ajenas, el escuchar a consejeros que para su tranquilidad personal (y supuestamente la nuestra) nos animan a pedir disculpas reconociendo así hechos que no son ciertos, acaba convirtiéndose en una trampa para el docente. Esta actitud junto a la práctica habitual del “sálvese quien pueda”, contribuye a acrecentar la sensación de impunidad a la que se les tiene acostumbrados a padres y alumnos.