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May 12

¿Son posibles los acuerdos educativos?

Francisco Melcón Beltrán

 

La educación española y madrileña se encuentra en la encrucijada, tras el acuerdo adoptado en el Congreso para derogar la LOMCE. Su futuro es incierto hasta que se promulgue una nueva ley educativa –la enésima– que sería deseable fuese fruto del consenso y no se haga de espaldas al profesorado. Previamente debería materializarse un “Pacto de Estado por la Educación” donde se acuerde el modelo y la estructura del sistema educativo y el rumbo que se quiere dar a la educación española. Una empresa ardua que requiere un diagnóstico previo, sobre el que ya es difícil el acuerdo, y cesiones muy significativas por parte de todos.

La educación es un ámbito donde se libra desde hace años una batalla política e ideológica de gran trascendencia para el futuro del país, en un continuo y sesgado debate, del que algunos participan con las mejores intenciones. Desde hace tiempo, las formaciones políticas y los agentes educativos saben de su importancia para la configuración de nuevas realidades sociales y territoriales. En este momento de debilidad de las instituciones y también de las convicciones, hay sectores que vislumbran claramente la ocasión de lograr un nuevo modelo educativo que sirva para acelerar el cambio de modelo social y político que persiguen. Para ello es preciso, a través de la crítica exacerbada, el radicalismo de algunas propuestas y el adoctrinamiento, remover los cimientos más sólidos de la educación y desestabilizar la esencia y los pilares básicos de cualquier sistema educativo, entre los que se encuentran el profesorado y el propio papel de la escuela.

Por ello plantean la necesidad de una nueva educación que “democratice” la escuela –colocando en el mismo plano a alumnos, padres y profesores– y un “nuevo” profesor, que tenga menos relevancia y protagonismo en el proceso educativo, con limitada autoridad y atributos profesionales, para “la sociedad del siglo XXI” (un eufemismo de esa utopía que predican algunos). Otros, para quienes la educación también debiera ser la piedra angular del bienestar y del progreso social, demuestran una actitud claudicante en las cuestiones educativas, cuya importancia relativizan considerándolas susceptibles de cambalaches políticos.

 

 

 

Cabe la posibilidad de que el pacto educativo que se quiere fraguar no sea más que un artificio que evidencie la disposición de una de las partes a hacer concesiones en aras de la paz social y que se materialice volviendo a cargar las tintas sobre el papel y la formación del profesorado e insistiendo en la pretensión, no justificada, de un “nuevo” profesor que pueda pilotar los cambios social y educativo.

 

La educación es un ámbito donde se libra

desde hace años  una batalla política e ideológica

 

En la Comunidad de Madrid también está sobre la mesa un borrador de Acuerdo por la Transformación Educativa, cuyo nombre ya denota su sentido, en el que se pretende asignar un nuevo rol al profesor y actualizar sus “anticuadas metodologías”. No se propone la mejora de la calidad educativa sino la “transformación” de la educación, en un gesto complaciente con los sectores aludidos, que tienen claro el alcance del lenguaje. Un término de profundas connotaciones que debe relacionarse con los fines expuestos.

El Acuerdo madrileño, cuyo alcance y concreción se producirá en los próximos días, cuando el consejero solicite las adhesiones al mismo, debería ser posterior a ese hipotético Pacto de Estado y a una nueva Ley de Educación que, previamente, señale hacia dónde se va a dirigir la educación española y así podamos entender en qué sentido hay que transformar la educación madrileña y qué papel debe cumplir el profesorado.

En unos momentos en que los resultados de PISA 2015 (Comprensión lectora, Ciencias y Matemáticas), sitúan a los alumnos madrileños de 15 años entre los mejores de la UE, de la OCDE y de España, con puntuación superior a los de Reino Unido, EEUU, Francia, Italia, Noruega o Suecia, y el informe TIMSS 2015 (Matemáticas y Ciencias) coloca a los alumnos de 4º Primaria delante de la media de la OCDE, de la UE, España y países como, Alemania, Francia, Italia o Canadá, no es de recibo proponer una enmienda tan severa a la praxis educativa ni a la enseñanza que se imparte en los centros madrileños ni al papel del profesorado.

 

El Acuerdo madrileño debería ser posterior a ese hipotético

Pacto de Estado y a una nueva Ley de Educación

 

¿Precisamente cuando se obtienen estos resultados pretende el Gobierno Regional transformar la educación y reclutar al “nuevo profesor” para la “nueva escuela” del siglo XXI? ¿De qué estamos hablando? No cabe apelar a la responsabilidad y al compromiso de los docentes con la educación, que tiene este colectivo por exceso como ha demostrado. El profesor de la sociedad del siglo XXI ya lo tenemos en las aulas, a tenor de los resultados.

Aunque se agradecen los pronunciamientos públicos de reconocimiento a los docentes madrileños, en estos momentos no es suficiente. Ya es hora de que se valore su esfuerzo en la época de crisis y su papel crucial en la educación con medidas tangibles.

Ante los resultados de TIMMS y PISA 2015 no es de recibo

proponer en Madrid una enmienda tan severa a la praxis

educativa ni al papel del profesorado

 

Quienes quieren transformar la educación madrileña, con el fin de mejorarla, deben empezar por revertir los recortes que durante los últimos años se han cebado sobre la enseñanza pública, las condiciones laborales y el poder adquisitivo del profesorado. Al colectivo docente no le sirven los juegos de palabras ni textos vacuos llenos de retórica neologsiana, sino la mejora sustancial de sus condiciones sociolaborales perdidas, con medidas concretas como el reconocimiento retributivo y el descenso del horario lectivo, entre otras.

Mucho tendrá que cambiar ese borrador inicial o va a ser muy difícil que el profesorado pueda adherirse al texto definitivo del Acuerdo por la Transformación Educativa si no se siente reconocido en él, cuando, además, la Consejería de Educación madrileña no se empeña a fondo en la negociación de un nuevo Acuerdo Sectorial para los docentes.

Quienes quieren mejorar la educación madrileña

deben empezar por revertir los recortes

 

No se percibe suficiente interés ni empuje político a la hora de “pintar” el presupuesto necesario para satisfacer las legítimas demandas del profesorado. Si la presidenta regional quiere realmente acuerdos en la Comunidad de Madrid, es insoslayable alcanzar previamente un Acuerdo Sectorial con los sindicatos de la Mesa Sectorial que sitúe al profesorado madrileño, seriamente dañado en la anterior legislatura, en el puesto que le corresponde en cuanto a condiciones de trabajo y retribuciones, acorde con el nivel de vida y de renta de esta comunidad y al magnífico nivel que ocupan los estudiantes madrileños en los rankings internacionales.

El profesorado tendrá que hacer oír su voz si, contrariamente a lo que está ocurriendo en otras comunidades autónomas y otros ámbitos funcionariales de la comunidad, no ve ningún resultado positivo. No es posible la firma de ningún acuerdo si no se recogen medidas concretas que colmen las expectativas de los docentes. El Gobierno Regional debe poner los medios para paliar el descontento crónico de un profesorado que, a tenor de los resultados, ha demostrado una implicación, una profesionalidad y una entrega que deben reconocerse.

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