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Nov 05

Harry Potter y el mundo de la magia o los Milagros de los acuerdos/pactos educativos

Carolina2014 - copia

Carolina Fernández del Pino Vidal

 

He llegado a la conclusión de que una gran parte de la sociedad –incluyendo padres, partidos políticos, pedagogos y la misma Administración–, piensa que los profesores estamos dotados de poderes mágicosDe no ser así, no se puede entender todo lo que consideran que “deberíamos” hacer dentro de un aula en las condiciones que se nos marcan y con las limitaciones que nos imponen.

Me gustaría que los “genios teóricos” que elaboran las reformas educativas entraran en un aula de Infantil con veinticinco niños de tres o cuatro años y demostraran durante una semana cómo se hace todo lo que ellos dicen que se debe hacer con estos bebezotes, a los que hay que explicarles primero que existe un baño que debe utilizarse y luego, con todo el cariño del mundo, ir enseñándoles a convivir con otros veinticuatro niños, aparte, por supuesto, de introducirles poco a poco en los inicios del mundo del conocimiento.

A lo largo de Infantil y Primaria se les enseñan cosas mágicas: aprenden a leer, contar, sumar, multiplicar, encontrar un país en un mapa, hablar inglés, sentarse, escuchar, convivir, jugar en grupo, respetar a otros y a que tienen derecho a que se les respete (aunque esto último la mayoría lo trae puesto desde casa).

Lo milagroso de esto es que los profesores, además de producir estos milagros, tienen que ase18gurarse de que:

  • se diviertan aprendiendo (parece ser que siempre);
  • se les enseñe a aprender a aprender;
  • estén motivados (parece ser que todos y siempre);
  • alcancen los niveles de aprendizaje marcados (respetando, eso sí, lo que viene a continuación);
  • no hace falta que alcancen el nivel marcado si eso les agobia;
  • no se les coarte la libertad (sobre todo si es mi hijo);
  • se les enseñe a comportarse (sobre todo si no son mis hijos), eso sí, dialogando, razonando, para hacerle comprender cuál debe ser su correcto comportamiento;
  • sus necesidades educativas individuales sean atendidas (al mismo tiempo que los otros veinticuatro niños están embelesados, aprendiendo a aprender solos);
  • haya aulas abiertas, bonitas, con puntos de trabajo diferenciados (además de veinticinco sillas, mesas, pinturas y utensilios de todo tipo, juguetes y poco dinero para reformas o material);
  • utilicen nuevas tecnologías;
  • no utilicen nuevas tecnologías, porque ya las usan en casa, etc.

Todos opinan, todos imponen sus creencias…

todos menos nosotros

Si esto ya es todo un milagro, llegamos a Secundaria y nos encontramos con que se supone que todo esto lo tenemos que repetir con treinta chicos que vienen de treinta casas distintas con treinta ideas distintas sobre lo que quieren para la educación de sus hijos y con treinta niveles distintos, y antes de empezar a trabajar para alcanzar los “objetivos”, “competencias” o “capacidades” vemos que en nuestra aula hay alumnos que tienen:

  1. mucho nivel y están motivados;
  2. mucho nivel pero no están motivados y a ver cómo los controlamos;
  3. un nivel normal y están motivados;
  4. un nivel normal y están menos motivados y, por tanto, habrá que ver cómo les enganchamos;
  5. un nivel más bajo, pero están motivados y dispuestos;
  6. un nivel más bajo y no están motivados ni dispuestos en absoluto.

Hay que recordar que, además, tenemos alumnos con necesidades educativas especiales y con altas capacidades.

Y por último, los que se encuentran en cualquiera de estos grupos señalados antes y además:

  1. están dispuestos, a la primera oportunidad, a intentar provocar algún incidente gracioso o no tan gracioso;
  2. tienen padres que consideran que la educación de sus hijos es importante y encontramos el apoyo familiar necesario para motivar, reforzar, controlar;
  3. tienen padres a quienes no les importa mucho lo que hacen sus hijos en clase y piensan que tu asignatura, aunque sea matemáticas, no sirve para mucho y que con contar y multiplicar sus hijos saben ya de sobra;
  4. vienen de familias con todo tipo de problemas.

Y aquí aparece la parte mágica, cada día, dentro de las aulas de Infantil, Primaria, Secundaria y el resto de enseñanzas: lo intentamos y muchas veces logramos los objetivos marcados y otros que nos marcamos, a pesar de que a nosotros, los expertos en educación, los que vivimos la realidad del aula día a día, nadie se digna a escucharnos y nos imponen teorías, metodologías, ocurrencias y restricciones muchas veces totalmente contradictorias entre sí.

No nos preguntan ni una vez qué creemos que debe rían estudiar, cómo consideramos que sería la mejor forma de conseguir los objetivos planteados, qué carencias importantes tiene el sistema para lograrlos, qué necesitamos para intentarlo, qué parte de su plan creemos que puede suponer un problema a la hora de implantarlo. No. ¿Para qué preguntar, si la Administración, los políticos, los pedagogos y algunas asociaciones de padres viven felices en su mundo teórico de imaginaria y mágica perfección y lo único que les preocupa es cómo justificar el fracaso de sus excelsos, maravillosos, politizados e ideologizados planes educativos, achacando las culpas a otros, avivando en el imaginario popular la idea de que gran parte de los profesores somos vagos, incompetentes, incultos, y que nuestra experiencia y opinión en absoluto son necesarias para decidir cómo realizar nuestro trabajo dentro de un aula?

Trabajamos contracorriente, con ratios elevadas, presupuestos ajustados, padres que no quieren deberes, otros que quieren muchos deberes, administraciones educativas que quieren que los resultados sean favorables en informes internacionales, asociaciones a las que les da igual y prefieren que seamos guarderías, expertos que hablan de innovación pero que al final quieren que aprendan lo de siempre.

Todos opinan, todos imponen sus creencias… todos menos nosotros.

Es cierto que el maravilloso mundo de la educación es de algún modo mágico y eso todos los profesores lo sabemos, y aunque es verdad que tenemos algo de magos, hasta nuestros alumnos, muy puestos en Harry Potter e historias parecidas, saben que incluso la magia tiene sus limitaciones.

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