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Jun 06

Mi aula sin mí

Carolina2014 - copia
  Carolina Fernández del Pino Vidal

 

Se veía venir…

La Proposición No de Ley, sobre deberes, presentada por Ciudadanos y aprobada en la Asamblea de Madrid con el apoyo del PSOE y Podemos, con abstención del PP, es solo la constatación de que los políticos y algunas asociaciones de padres desprecian nuestra profesión y profesionalidad. No es una cuestión de si debe o no haber deberes, sino una demostración más de hasta qué punto consideran que somos innecesarios y prescindibles a la hora de tomar hasta las más elementales decisiones en el proceso educativo.

Esto solo es un clavo más en el ataúd que llevan años construyendo entre muchos sectores de la sociedad. Emprenden reformas educativas sin nosotros, llevan a cabo análisis del sistema educativo sin pedirnos opinión, deciden qué perfil profesional es necesario sin hacer caso a lo que decimos, y pedagogos que nunca han pisado nuestras aulas dictaminan, en “libros blancos”, grandes “verdades” sobre la educación sin haber tenido en cuenta las recomendaciones, basadas en la experiencia, de los profesores.

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Si llevase un coche a un taller y me llamase el director de la SEAT para decirme lo que le pasaba sin siquiera haberlo revisado ni haber hablado con el mecánico, yo tendría claro que lo mejor sería llevar mi coche a otro taller. Si lo contase, quien me oyera se llevaría las manos a la cabeza. Sin embargo, la educación en nuestro país lleva años en manos de dirigentes y expertos que no han vivido nunca el día a día del aula y no parece que esto le extrañe a nadie.

No digo que los dirigentes y los expertos no tengan cabida en las reformas y leyes educativas, pero sí reclamo, por el bien de los alumnos, que los expertos de verdad, los que estamos en el aula y sabemos lo que realmente ocurre, podamos aportar nuestra valiosa experiencia sobre las posibilidades y carencias que existen, antes de que se aprueben leyes y reglamentos teóricos, planteados desde el desconocimiento de la realidad y, por tanto, muchas veces inútiles e imposibles de llevar a cabo, y que finalmente se traducen en más papeleo pero en ninguna modificación sustancial dentro del aula.

 

 

 

No se entiende cómo pueden debatirse o tomarse decisiones sobre temas educativos sin contar con la opinión de los profesionales que están a pie de aula.

Pacto educativo para una Ley educativa

Lo primero que debemos hacer como sociedad es marcar los objetivos que pretendemos lograr, para lo cual hay que ser honestos y hablar claro. ¿Queremos centros educativos que preparen a los alumnos para una vida profesional y para participar con conocimiento en la vida democrática? ¿Queremos formar hombres renacentistas con una formación académica completa o alumnos felices a los que no se les pide que se esfuercen ni se acostumbren a vivir con normas?

Se pueden querer varias o muchas cosas a la vez, pero habrá que establecer prioridades en lugar de pretender una mezcla imposible de todo lo anterior: preparación profesional, una formación renacentista del siglo XXI y la felicidad plena para todo el alumnado.

Saber lo que queremos es fundamental y decirlo con toda claridad también, porque de lo contrario los profesionales viviremos en la esquizofrenia permanente de intentar lograr objetivos totalmente opuestos.

Una vez que se decida como sociedad lo que realmente queremos y lo podamos decir sin tapujos en voz alta, entonces tendrían que acudir a nosotros como lo hacen en otros países, como en Finlandia, que tanto gusta a todo el mundo, donde una vez que los políticos pactan los objetivos a grandes rasgos piden a los profesionales, o sea, a los profesores con experiencia en el aula, que desarrollen un plan para conseguirlo.

No me parece que sea difícil entender la lógica que existe tras este planteamiento.

Análisis de la situación actual de la educación

Para poder llegar a algún sitio suele ser interesante saber dónde se encuentra uno, hacia dónde debe encaminarse y la distancia que nos separa del objetivo final, así como las necesidades que todo esto conlleva.

Y aunque la última ley educativa prevé la posibilidad de hacer cuestionarios para valorar la situación actual del sistema educativo, el Ministerio ha preparado encuestas para alumnos, padres y directores, pero se ha olvidado de preguntar a los profesores, y la Comunidad de Madrid tampoco ha hecho nada para rectificar este “error”. Debe ser que no tenemos nada que aportar o que les da miedo saber lo que pensamos.

Hablando con una directora de un colegio sobre el desprecio evidente que tienen hacia nuestra opinión, me dijo: “¿Por qué no nos preguntan a nosotros? Cualquiera de los que están en el aula con los niños sabe más”.

Buena pregunta. ¿Cómo pretenden hacer un análisis que tenga algún valor sin tener en cuenta la experiencia que se adquiere dentro del aula? Su respuesta explica, en parte, las deficientes medidas adoptadas para contrarrestar el fracaso escolar.

Hasta ahora, todas las reformas nos han abocado al fracaso. No han funcionado, no porque los profesionales dentro del aula no se dejen la piel intentándolo, sino porque las proposiciones teóricas de los legisladores son a veces imposibles de llevar a cabo, lo que hace que se rehagan papeles, documentos, programaciones, memorias, etc., a la vez que los profesores se buscan la vida para intentar seguir haciendo su trabajo lo mejor posible, a pesar de estas contradicciones políticas y legislativas.

Casi el 100 % del profesorado estaría de acuerdo en que existen dos problemas fundamentales, que ya he mencionado, y que garantizan el fracaso de cualquier reforma educativa:

1. Que aún no sabemos, como sociedad, si queremos centros educativos o guarderías.

2. Que a pesar de que todos dicen que los profesores somos el pilar fundamental del proceso educativo, a nosotros no nos piden nuestra opinión, y esto demuestra claramente su desprecio por nuestra profesión y nuestra profesionalidad y aboca al fracaso cualquier reforma educativa.

La Proposición No de Ley sobre deberes aprobada desafortunadamente no culmina un proceso de desprestigio de nuestra profesión y nuestros profesionales. Yo estoy esperando a ver lo siguiente que se les ocurre, ya que no parecen estar dispuestos a afrontar la reforma educativa con seriedad y sensatez. Si ya antes los intereses de los partidos políticos producían proposiciones, como poco, cuestionables, en estos momentos de inestabilidad electoral y desgobierno es previsible que veamos muchas más iniciativas que tendrán el solo objetivo de tratar de ganar los votos de un sector u otro de la sociedad, sin dar la importancia debida a las posibles consecuencias.

Lo que sabemos, lo que vivimos dentro del aula día a día, nuestra experiencia y hasta diría nuestros alumnos y su realidad presente y futura no parecen tener cabida en los planes educativos de nuestros políticos y de algunos otros sectores de la sociedad.

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