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Abr 27

¿Qué es realmente el acoso?

Carolina Fernández del Pino Vidal

 

El acoso existe desde el principio de la historia del hombre. Sin
embargo, no fue hasta los 70 cuando el Dr. Dan Olweus inició la primera investigación sobre la intimidación sistemática, cuyos resultados fueron publicados en Suecia, en 1973. Desde entonces, poco a poco la sociedad y las autoridades educativas se han ido concienciando de que existe un problema, invirtiendo recursos en intentar entender, definir y evitar el acoso en las aulas.

La definición más aceptada es la del Dr. Olweus: “El acoso se produce cuando una persona está sometida a agresiones por parte de una o más personas de forma reiterada que se prolongan en el tiempo”. Esta definición señala tres componentes fundamentales que permiten distinguir el acoso de simples encontronazos, físicos o verbales, u otro tipo de conductas poco aceptables que tienen lugar en todos los lugares donde interactúan seres humanos.

El acoso es un acto intencionado. La persona que acosa a otra quiere dañarla, no es un accidente. El segundo componente es la repetición de las agresiones; la reiteración es lo que produce la ansiedad y la aprensión. El convencimiento de que la siguiente agresión tendrá lugar se convierte en un problema casi tan importante como la agresión en sí.

Y por último, y de especial importancia, el acoso se caracteriza por una desigualdad de fuerzas. El acoso es un enfrentamiento desigual donde una de las partes es más poderosa o fuerte que la otra. Constituye, pues, un abuso de poder. El poder que tiene el acosador no necesariamente viene dado por su fuerza física. Puede poseerlo por ser parte de un grupo o por su estatus dentro del grupo al que pertenecen acosador y acosado; o por capacidad académica o deportiva. Esto hace que no sea aconsejable pedir a los acosados que hagan frente a los acosadores, ya que parten de una posición de debilidad y lo normal es que fracasen en su intento.

Es importante señalar que el poder o la fuerza se manifiestan de varias maneras. Las más tradicionales son las agresiones físicas y verbales, pero ahora también estamos viendo crecer la agresión en las redes sociales. También se debe destacar que la agresión social, el aislamiento sistemático del individuo, son muy lesivos, ya que incrementan su sensación de debilidad y soledad frente a los acosadores.

Estudios realizados en Canadá señalan que algunos acosadores están aprendiendo a manejar su poder y se convierten luego en agresores con otros tipos de violencia, sea en sus centros de trabajo, con sus parejas o dentro del entorno familiar.

Por otro lado, la victimización del acosador, la falacia aceptada y promocionada de que el acosador suele venir de entornos socioeconómicos o familiares desfavorecidos está siendo contradicha por estudios realizados en varios países nórdicos.

Todo esto hace evidente que las intervenciones trasnochadas que buscan arreglar el acoso con mediación, buenas intenciones, sentando al agresor con el agredido para que puedan buscar soluciones a sus problemas, no son aceptables.

El acoso no es un juego de niños, tiene consecuencias, en algunas ocasiones trágicas, como desafortunadamente hemos podido comprobar. Requiere que los responsables, los adultos, pongamos remedio, previniendo estas situaciones, pero sobre todo dejando muy claro que no es admisible y que el acoso no dejará indemnes a sus perpetradores. Todos los niños, adolescentes e incluso profesores tienen derecho a acudir a un centro educativo donde se les asegure su bienestar físico y mental, y si eso no lo podemos garantizar… apaga y vámonos.

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