Los docentes, la campaña electoral y las ocurrencias

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Carolina Fernández del Pino Vidal

 

Si ya en los últimos años hemos tenido que escuchar a los políticos y sus “expertos” solucionar “mágicamente” los problemas de nuestro sistema educativo a base de ocurrencias, a lo largo de esta campaña electoral parecen decididos a superarse.

No es tanto lo que plantean, sino más bien la ligereza y falta de conocimiento con que lo hacen. Sacan a relucir ideas inconexas como si fueran por sí solas el Santo Grial.

Unos se han lanzado a pedir la evaluación de los docentes, como si no se hiciese ya, y otros han señalado que impondrán una evaluación psicológica. También, como siempre, han sacado a colación sistemas educativos de otros países como referentes de lo que se debería implantar aquí. 

El debate en torno a nuestro sistema educativo y nuestra profesión parece siempre llevarse a cabo a golpe de ocurrencias e ideologías. Es imposible el desarrollo coherente de un sistema educativo cuando los gobernantes de turno se desviven por imponer la ideología de su partido y las ocurrencias de sus “expertos”.

La confección de un sistema a base de piezas del modelo finlandés, del modelo alemán, del de Singapur, del canadiense, del inglés o de cualquier otro que en ese momento deslumbre a nuestros legisladores no puede llevar más que a la creación de un sistema “Frankens­tein” de la educación. 

Un modelo es un conjunto de medidas, adoptar solo algunas desvirtúa el modelo original, pero además sería necesario que se planteasen si ese modelo es el adecuado para nuestra sociedad. 

Ante los resultados negativos no se debería producir una locura colectiva, se debería analizar de dónde surge el problema para luego buscar soluciones:

¿Es por el modelo?

¿Es por los objetivos y los contenidos? 

¿Es porque los alumnos promocionan cumpliendo requisitos mínimos o porque así lo establecen las distintas leyes?

¿Es por la metodología?

¿Es por la preparación de los docentes?

Sería conveniente detectar las causas antes de poner los “parches”.

Como recordatorio a estos políticos, debemos señalar que a los docentes ya se nos evalúa: nos presentamos a oposiciones, pasamos un año de prácticas y, si luego se detecta un problema, Inspección tiene los instrumentos para volver a evaluar las capacidades pedagógicas del profesor en cuestión. Hay equipos directivos, jefes de departamento, equipos de orientación, compañeros y padres que tienen canales para comunicar un problema si lo hubiese.

Pero si se detecta que es conveniente implantar otro sistema de evaluación para el profesorado, es necesario que se haga dentro de un diseño global de nuestra profesión. Nos está pasando lo mismo que al sistema educativo: lo quieren legislar a golpe de “ocurrencias” e ideas geniales de “expertos” que no han pisado un aula. 

Es necesario que se negocie un Estatuto Docente que defina lo que queremos de nuestros profesores. Llevamos años pidiéndolo y en él se deberá incluir, además de otras cuestiones profesionales y laborales, la forma de acceso, la carrera profesional a la que podrán aspirar y, ligadas a esta, las evaluaciones a las que tendrán que hacer frente a lo largo de su vida laboral. 

No se puede decir que queremos los mejores para la profesión docente y luego no especificar qué queremos y qué daremos a cambio. 

El profesorado es una piedra angular del sistema educativo, un buen profesor enseña bien con pizarra tradicional, con pizarra digital y hasta si le quitan la pizarra. 

Ya va siendo hora de que los gobernantes y sus expertos dejen de buscar soluciones milagrosas en las nubes y se bajen a las aulas para hablar con los profesionales y diagnosticar los problemas antes de intentar imponer soluciones.

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