De acoso escolar a acoso laboral

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Carolina Fernández del Pino Vidal

 

En 2007, Finlandia implantó un programa antiacoso llamado KiVa, que está teniendo unos resultados espectaculares. Básicamente, se basa en educar a los niños y adultos para, por una parte, prevenir el acoso y, por otra, hacerle frente cuando surge, porque como explican en varios documentos informativos, aunque se puede reducir el acoso bastante, nunca va a desaparecer.

El programa me parece especialmente interesante porque se centra en ese amplio sector de alumnos que no son víctimas ni verdugos, ya que las numerosas investigaciones en las que se han basado para desarrollar este programa llegaron a la conclusión de que la mayoría era una parte importante del problema. Pretende que la mayoría se haga responsable de la situación y la prepara para enfrentarse al acoso y apoyar a la víctima.

Además, a los niños se les explica que cuando informan del acoso no están “chivándose”, sino ayudando a alguien que lo está pasando mal y evitando que se produzca una situación que no se debe permitir.

Otro concepto que me parece importante es la desmitificación del acosador. En un folleto para padres, les explican que aunque tendemos a pensar que el acosador es una víctima de una situación personal o social, esto no es verdad. Normalmente los acosadores no tienen problemas significativos, son niños que lo hacen porque les parece gracioso, para impresionar a los demás o simplemente por falta de consideración.

Llamativo también es el papel que juegan los profesores. Cuando un colegio decide implantar este sistema en su centro, se le envía diverso material, entre el cual se encuentra un chaleco naranja reflectante. El adulto responsable de cuidar el recreo debe ponerse este chaleco, que es muy llamativo y se ve desde lejos. Sirve de recordatorio a todos los alumnos de que hay alguien ahí para cuidarlos. Un símbolo de que hay reglas y determinadas actitudes y acciones no se van a permitir. Sin complejos.

Como profesora, mi primer deber, antes incluso del de impartir materia, es asegurar el bienestar físico y mental de mis alumnos. Quiero que la sociedad lo reconozca y me dé los instrumentos necesarios.

Pero es más, estoy convencida de que el acoso laboral empieza en el colegio. Si el acoso se permite o se le resta importancia porque “solo son niños” y si, además, permitimos que se perpetúe el mito de que la mayoría de acosadores son víctimas, ¿qué mensaje estamos mandando a esos alumnos entre los cuales se encuentran los acosadores laborales o los agresores de violencia de género, los violentes o achantadores del futuro?

Hay que dejar claro que hay actitudes que no son aceptables y que todos somos responsables frente a ellas.

“Al final, recordaremos no las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos”, dijo Martin Luther King, Jr.  

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