Centros de difícil desempeño

No solo una cuestión más en cuanto a
la desigualdad de condiciones laborales

Carolina Fernández del Pino Vidal

Cada dos años, cuando se convoca el Concurso General de Traslados nacional, recibimos quejas de profesores madrileños que compiten en desigualdad de condiciones con docentes de otras comunidades en las que el listado de centros de difícil desempeño se actualiza, si no cada año, sí con más frecuencia que en la Comunidad de Madrid.

Los docentes madrileños compiten en
desigualdad
de condiciones con
los de otras comunidades

En Madrid, después de las transferencias de competencias en 1999, el listado de centros de difícil desempeño se actualizó en 2007 por primera vez. Ese año se sacaron dos resoluciones y al año siguiente otra, en la que se incluyeron dos centros más. Desde hace más de diez años y a pesar de que la legislación establece que se debe actualizar anualmente, esto no se ha hecho. Evidentemente, hay centros que podrían formar parte de ese listado y no están incluidos, y otros que no deberían seguir siendo considerados como tales. En otras Comunidades la relación se negocia anualmente, actualizando tanto los criterios como la relación de centros. 

Este es un caso más en que los docentes salimos perjudicados al pertenecer a un cuerpo estatal, que depende de legislación y procedimientos nacionales, al mismo tiempo que estamos sometidos a decisiones de gobiernos autonómicos.

ANPE-Madrid ha reclamado reiteradamente a la Admi­nistración madrileña que corrija esta situación, y sigue exigiendo que se revise el listado y se negocien los criterios. Estos son importantes, porque aclararían públicamente por qué estos centros son de difícil desempeño. Esta etiqueta puede llevar a engaño. En Asturias, por ejemplo, las Aulas Hospitalarias están incluidas en esta relación.

En Ceuta, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte cuestionó la naturaleza de estos puestos y abrió un tiempo de reflexión, al considerar que tal vez se debería eliminar por completo esta clasificación, ya que “no lleva aparejada la implementación de medidas de naturaleza pedagógica en favor del alumnado o de su comunidad educativa” y consideraba que, sin embargo, podría tener un efecto estigmatizador sobre los centros. Y es cierto. Estos centros no disponen de más recursos. Llevan la etiqueta, poco clarificadora, pero esto no implica ninguna ventaja para el centro o su alumnado. 

Es lógico que, ante la necesidad de afrontar el proyecto educativo de centros que por su naturaleza incrementen la dificultad de desempeñar nuestro trabajo, la primera medida fuese beneficiar al profesorado con el objetivo de formar claustros relativamente estables. Los docentes somos el pilar fundamental de la educación. Un equipo de profesionales entregados, coordinados y comprometidos con un proyecto puede conseguir resultados espectaculares. Pero no se trata de convertir a los profesores en superhéroes. Un sistema educativo de calidad no puede basarse en el sacrificio personal de un claustro.

Si existen centros que requieren recursos adicionales para afrontar una serie de circunstancias que dificultan el proceso educativo, deben implementarse medidas que los hagan más atractivos para el profesorado, pero también otras que apoyen su labor y compensen los aspectos que han llevado a estos centros a ser clasificados como de difícil desempeño.

La desigualdad laboral en cuanto al Concurso General de Traslados nacional, que se ha producido por estar esta clasificación en manos de las administraciones autonómicas, y la falta de medidas pedagógicas que deberían acompañar esta etiqueta sin duda ponen en cuestión el procedimiento y hacen necesario que se replantee la legislación estatal y autonómica.

Si queremos una educación pública de calidad, es condición sine qua non que cada centro y alumno reciban lo que necesitan para alcanzar sus objetivos. A muchos políticos se les llena la boca hablando de la necesidad de educación inclusiva, de calidad para todos y todas. Pero la educación requiere actuaciones tangibles y reales, recursos materiales y humanos. No es un debate filosófico, es una tarea diaria en la que intervienen personas reales que requieren materiales, recursos y compensaciones por su entrega y dedicación.

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