Archivo de enero de 2021

La importancia de la profesión docente

Andrés Cebrián del Arco

La situación de excepcionalidad creada por la pandemia de COVID-19, que tan duramente está afectando a gran parte de la población en el ámbito familiar y personal, también está teniendo un fuerte impacto en el desempeño de la profesión docente.

En los últimos diez meses, al profesorado se le ha requerido un esfuerzo y una dedicación adicionales para atender la educación telemática. Los docentes han debido modificar la forma de relacionarse con el resto de los miembros de la comunidad educativa y han visto cómo surgían en los centros problemas antes desconocidos. En definitiva, han cambiado su forma de trabajar.

La pandemia ha evidenciado cómo los recortes y la falta de inversión de años anteriores han llevado al sistema educativo al límite, rozando siempre los mínimos necesarios en cuanto a recursos humanos y materiales, y una vez más ha sido el profesorado quien, con su profesionalidad y entrega, ha sorteado las dificultades a costa de un gran esfuerzo personal para asegurar que los alumnos pudiesen recibir la atención necesaria, evitando así que se interrumpiera el proceso educativo.

Los recortes y la falta de inversión de años anteriores
han llevado al sistema educativo al límite

Al comienzo del curso escolar 2020-2021, nos hemos encontrado con un nuevo y gran problema: la falta de profesores. La docencia no resulta atractiva para ciertos profesionales, sobre todo en etapas educativas como la Formación Profesional, las Enseñanzas Artísticas y, en general, todas aquellas especialidades en las que se puede encontrar empleo con relativa facilidad en otros sectores.

A pesar de que muchas personas pueden tener la preparación, la titulación y la vocación necesarias, por la falta de seguridad en cuanto a continuidad y las condiciones laborales, deciden optar por otra carrera profesional fuera de la educación.

Una vez más el profesorado, con profesionalidad
y entrega, ha sorteado las dificultades

Por tanto, es necesario hacer atractiva la profesión docente. Mejorar las retribuciones, reducir las jornadas parciales y el horario lectivo, abordar la carrera profesional y hacer una inversión en formación para el desarrollo profesional y en recursos materiales si queremos atraer a las siguientes generaciones.

Los docentes deben percibir la importancia que tienen dentro de la sociedad y las campañas de concienciación respecto a su valor están bien, pero no son más que un comienzo.

La valoración de la profesión debe traducirse en hechos reales, que pasan necesariamente por condiciones laborales adecuadas a la importancia de su labor para toda la sociedad. Dentro de estas condiciones laborales, es imprescindible asegurar que los profesores sepan que están respaldados y protegidos en el desarrollo de su profesión y que existe “tolerancia cero” hacia cualquier tipo de actuación o actitud que impida la correcta convivencia entre los miembros de la comunidad educativa.

Si bien en el curso actual se ha producido un notable incremento de profesorado, como única forma de poner en marcha las medidas higiénico-sanitarias establecidas por las autoridades madrileñas, ANPE-Madrid insiste en la necesidad de dar carácter de continuidad al descenso de las ratios por aula, así como de disminuir el horario lectivo de los profesionales. Los profesores se ven desbordados por el elevado número de alumnos que deben atender, al que se suma la ingente cantidad de tareas burocráticas que conlleva la labor docente.

Es imprescindible situar la educación en el centro
de los intereses y prioridades de la sociedad

Es imprescindible situar la educación en el centro de los intereses y prioridades de la sociedad. Los profesores son el pilar fundamental de cualquier sistema educativo. Su labor es la pieza clave del proceso educativo y de sus buenos resultados. Si queremos ofrecer a los alumnos una educación de calidad urge que los gobiernos, tanto el nacional como los autonómicos, pongan en alza la profesionalidad y el buen hacer de los docentes. La defensa de nuestra profesión y de los profesionales debe ser reconocida y protegida desde todas las instancias sociales.

La inestabilidad e incertidumbre política y de crisis institucional que vivimos en este momento, agravada por la pandemia, haría necesario, ahora más que nunca, un Pacto de Estado político, social y territorial que preserve a la Educación de la confrontación ideológica permanente ante cualquier cambio, modificación o reforma que deba acometer nuestro sistema educativo, y que la convierta en una verdadera prioridad política y social.

Madrid se sitúa como una comunidad puntera en España y a la altura de países ubicados en la franja de la excelencia educativa gracias a un profesorado al que cada día se le pide más formación específica y que modifique su forma de enseñar, además de un gran esfuerzo personal para paliar las deficiencias del sistema.

Desde ANPE-Madrid seguiremos reclamando
el reconocimiento de la labor docente

Desde ANPE-Madrid seguiremos reclamando el reconocimiento de la labor docente y exigiendo que se mejoren sus condiciones laborales, para que se pueda seguir construyendo una educación de calidad donde se pueda atender a las necesidades educativas de todos los alumnos de la Comunidad de Madrid.

Somos conscientes de que los docentes, en los momentos difíciles, siempre hemos respondido con responsabilidad, dedicación y entrega para asegurar que los alumnos reciban una educación adecuada. Vivimos tiempos difíciles, pero el compromiso con la defensa de los derechos y condiciones sociolaborales del profesorado y con una educación pública de calidad son nuestra única razón de ser.

Faltan profesores. ¿Por qué será?

Carolina Fernández del Pino Vidal

El comienzo del curso en toda España ha dejado claro que existe un déficit de profesores. Las Comunidades se han abalanzado, unas sobre otras, en un intento de atraer a profesionales cualificados para impartir clases. En algunas especialidades, especialmente en Formación Profesional y Enseñanzas Artísticas, hay una carencia total de aspirantes que cumplan con los requisitos necesarios y estén dispuestos a dedicarse a la docencia.

El reto de atraer profesionales a la docencia no es nuevo.

Múltiples estudios de la OECD y la Unión Europea vienen señalando la importancia del profesorado y su impacto sobre el proceso educativo. Los resultados académicos de los alumnos no solo se ven afectados por la calidad del profesorado, sino también por su motivación. Los países buscan fórmulas para atraer a los mejores estudiantes hacia estudios encaminados a la enseñanza y también para evitar que los profesores abandonen o se desmotiven.

No se puede pedir una educación
individualizada e inclusiva sin bajar ratios

La importancia que tiene nuestra profesión no está reflejada en condiciones laborales suficientemente competitivas para compensar las dificultades que conlleva.

Hay muchos factores que dirigen a los futuros profesionales hacia un campo u otro. Uno muy importante es la vocación. La vocación, sin embargo, se va construyendo en base a la información que recibe el individuo a lo largo de su vida. Todos queremos acceder a un puesto de trabajo que marque la diferencia, pero también influye la necesidad de acceder a una profesión que haga posible disfrutar de unas condiciones de bienestar y seguridad económica adecuadas al esfuerzo que se ha realizado en la etapa formativa.

Es importante que se tengan en cuenta muchos factores, ya que el económico, aunque tiene su peso, no es el único que se pone en la balanza, especialmente cuando se trata de una profesión como la nuestra, que requiere grandes dosis de entrega, energía y renovación.

Reconocimiento social

En el Estudio Internacional de Enseñanza y Aprendizaje (TALIS, Teaching and Learning International Survey), promovido por la OCDE, aproximadamente solo el 26 % de los profesores de los países miembros consideraba que su trabajo estaba reconocido por la sociedad. En España, menos del 20 % estaba de “acuerdo” o “muy de acuerdo” con que su profesión era valorada por la sociedad.

Sin embargo, numerosos estudios demuestran que la sociedad española sí tiene una valoración alta del profesorado.

La disociación que existe entre la percepción de los docentes sobre cómo la sociedad valora su profesión y cómo en realidad es valorada hace necesario preguntarse cómo se puede producir un desencuentro tan radical entre ambas percepciones.

El prestigio social de una profesión engloba consideraciones sobre sus funciones e importancia para la sociedad y se evidencia en los salarios, sus responsabilidades y el respeto a su profesionalidad y criterio.

A lo mejor de ahí viene el problema. Que, a pesar de la gran importancia que tiene nuestra labor, los salarios, el respeto hacia nuestros conocimientos y decisiones y el respaldo que recibimos de las administraciones dejan claro que, en realidad, no debe de ser tanta, si tenemos en cuenta los siguientes factores.

Retribuciones en comparación con otras carreras profesionales

La falta de universitarios que deciden encarrilar sus carreras profesionales hacia la docencia refleja no solo la valoración real de la profesión docente por la sociedad, sino también la percepción que se tiene de las retribuciones, especialmente si se comparan con otras opciones que requieren la misma formación.

En algunas especialidades de Secundaria, Formación Profesional y Enseñanzas Artísticas, la diferencia de salario puede situarse en al menos un 20 %.

Si queremos atraer y mantener a profesionales capacitados, debemos aminorar la diferencia entre los sueldos de los profesores y otras profesiones que requieren la misma formación, además de ofrecer la posibilidad de desarrollar una carrera profesional.

No solo es importante el sueldo inicial, también es importante la progresión del sueldo y el momento en que este se incrementa. De acuerdo con el informe Profesores y equipos directivos en Europa 2017/18 Sueldos y complemento, basado en datos de Eurydice (1), los docentes españoles tienen que esperar 39 años para alcanzar el sueldo máximo que, por otra parte, se define en el informe como incremento modesto al situarse por debajo del 50 %, en torno al 42 %.

El reto de atraer profesionales a la docencia no es nuevo

El informe señala que es importante el momento en que se alcanzan estas mejoras, ya que afectan a más profesores y durante más años, e inciden de forma positiva sobre las condiciones laborales.

Reformas educativas

Si queremos seguir contando con los mejores profesionales, las administraciones deben abordar el problema teniendo en cuenta muchos factores. Evidentemente el reconocimiento social y las retribuciones son dos aspectos de peso, pero existen otros que, combinados, afectan a nuestra profesión de forma significativa.

Que las reformas educativas no se negocien con los profesores influye en el reconocimiento social que tenemos. No se puede decir que el profesorado es importante y no tener en cuenta su experiencia a la hora de llevar a cabo una reforma educativa. El mensaje que se lanza a la sociedad queda claro y nosotros lo hemos recibido: nuestra opinión no cuenta y no merece ser tenida en cuenta.

Ratios y horas lectivas

Las ratios siguen siendo altas. Llevamos reclamando que se bajen desde que empezó la locura de reformas educativas en nuestro país. No se puede pedir una educación individualizada e inclusiva y luego no bajar las ratios.

La sociedad no debe confundir la jornada laboral con las horas lectivas. Cada hora lectiva supone horas adicionales de trabajo. La preparación de clases, cada vez más complicada, las evaluaciones y el seguimiento de los alumnos y su progreso son una parte intrínseca de nuestra profesión, pero se hace fuera del horario lectivo. Hay profesores en Secundaria que ven a 300 alumnos a la semana. El trabajo que esto conlleva hace que los profesores dediquen más horas que las contempladas en su horario laboral.

Burocracia

Es preciso que se lleve a cabo un estudio sobre el tiempo que la burocracia roba a los docentes. Una vez que se tenga una radiografía real de la situación, se debería buscar fórmulas para reducir al mínimo el tiempo que se invierte, eliminando duplicidades, mejorando los procedimientos y los programas y plataformas digitales.

Protección de la Administración y tolerancia cero con cualquier tipo de acoso o agresión

Cada vez más los profesores se ven envueltos en situaciones que para una persona de a pie son impensables. El acoso al que en ocasiones se ven sometidos los docentes en las redes sociales es inimaginable para la mayoría de los trabajadores. Es inaceptable que se produzcan situaciones de agresión verbal o física y mucho menos que estas agresiones se produzcan en un medio público, pudiendo dañar no solo la integridad del profesional, sino también la de sus familiares. Cuando los profesores se encuentran en estas situaciones deben contar con un asesoramiento especializado, jurídico y psicológico, de manera inmediata. Es el deber de cualquier empleador proteger a sus empleados cuando estos se ven agredidos en el cumplimiento de su labor.

Estas son algunas de las razones que están haciendo que los centros de nuestro país se vean aquejados por una falta de profesionales cualificados y motivados. Se puede reformar el sistema, se puede invertir en programas, proyectos y campañas, pero hasta que no se tomen medidas para revalorizar nuestra profesión mejorando las condiciones laborales, la falta de profesores seguirá siendo uno de los grandes problemas de nuestro sistema educativo.


(1) Teachers’ and School Heads’ Salaries and Allowances in Europe 2017/18, Eurydice – Facts and Figures Salaries and Allowances.

Refuerzos COVID, refuerzos para este y todos los cursos

Esteban Serrano Tamayo

Los últimos meses del curso pasado se desarrollaron de una forma anómala, con los alumnos recibiendo su educación desde casa y los profesores adaptándose en un tiempo récord a un nuevo modelo de enseñanza. Ante este panorama, tanto unos como otros tuvieron que tirar de sus recursos, dejando en evidencia el déficit tecnológico de nuestra educación y la brecha digital entre el alumnado. Como en todas las crisis, las familias con menos posibilidades y mayores limitaciones para acceder a las nuevas tecnologías y los alumnos con más dificultades académicas han sido los más perjudicados.

Para restablecer los desajustes provocados por esta pandemia en la evolución educativa de los alumnos, la Administración se comprometió a aumentar las plantillas de los centros con objeto de llevar a cabo desdobles que permitieran reducir las ratios y ofrecer una atención más individualizada al alumnado más perjudicado por la falta de enseñanza presencial. Con el objetivo de actuar en aquellos casos que por diversas razones no pudieron seguir con aprovechamiento el proceso de aprendizaje a través de medios telemáticos y evitar un desfase curricular de estos alumnos, la Consejería de Educación puso en marcha un plan específico personalizado de refuerzo educativo para facilitar que los alumnos con desfase curricular lograran continuar con su aprendizaje y alcanzaran los objetivos y el adecuado grado de adquisición de las competencias correspondientes.

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a la falta de inversión en educación y a los vaivenes de leyes educativas en función de intereses inverosímiles. De esta forma, ahora demandamos que medidas y recursos como los refuerzos COVID se mantengan hasta finalizar el curso, pues siempre deberían haber estado presentes en nuestros centros para permitir ratios menores, horarios con menos carga lectiva y una disminución de la burocratización que tanto nos impide centrarnos en lo realmente importante: nuestros alumnos. Tirando de refranero español, nunca es tarde si la dicha es buena, y estos refuerzos son más necesarios que nunca para ayudar a nuestros alumnos a recuperar los aprendizajes que el COVID les arrebató.

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a la falta de inversión en educación y los vaivenes de leyes educativas

Además, debemos tener en cuenta un colectivo muy vulnerable, como es el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. En Madrid, atender adecuadamente a estos alumnos resulta extremadamente difícil al no existir una normativa específica que regule todo el marco de atención a la diversidad. Así, para las ratios que deben aplicarse a los profesores de Pedagogía Terapéutica y de Audición y Lenguaje, nos encontramos con una normativa estatal de los años noventa, exactamente la Orden de 18 de septiembre de 1990, que habitualmente es sobrepasada con creces. Otra razón de peso para afirmar que estos refuerzos son necesarios para llevar a cabo apoyos y agrupamientos flexibles en nuestras aulas.

La propia Comunidad de Madrid es consciente de la importancia de mantener estos refuerzos COVID hasta finalizar el curso escolar y por ello, en algunas de sus instrucciones publicadas, recoge que la aplicación personalizada de estas medidas se revisará periódicamente y, en todo caso, al finalizar el curso académico. Además, demuestra que es la primera interesada en que los docentes de refuerzo continúen durante todo el curso escolar cuando solicita al Gobierno central que comprometa fondos COVID, al menos hasta junio de 2021, para seguir luchando contra la pandemia y mejorando el sistema educativo. Incluso ha llegado a abstenerse, en la Asamblea de Madrid, en una iniciativa que insta al Gobierno regional a mantener durante este curso a todo el personal docente contratado por la pandemia, en concreto, a los 1.117 profesores de refuerzo, cuyos contratos finalizan el 22 de diciembre.

Retirar ahora a estos refuerzos de los centros provocará un innecesario caos organizativo

Retirar ahora a estos refuerzos de los centros provocará un innecesario caos organizativo, una vez que ya están funcionando tras superar las múltiples dificultades de inicio de curso. Muchos de estos profesores volverán a ser contratados en enero para cubrir otros puestos, pues no olvidemos el elevado número de plantillas que aún falta por completar, dada la escasez de profesorado en la Comunidad de Madrid. Este último detalle también ha provocado que estos refuerzos no hayan podido dedicarse íntegramente a los objetivos con que en un principio se les contrató, ya que se han visto obligados, por las carencias de recursos personales de los centros, a realizar otras tareas, como guardias o sustituciones del profesorado. Pero claro, siempre será más fácil achacar unos malos resultados como estos últimos del informe TIMSS a un déficit en la preparación inicial y en el desarrollo profesional de los docentes.

Instamos a la Comunidad de Madrid a prolongar los contratos de este profesorado hasta final de curso, como ya han anunciado otras autonomías. La evolución de esta pandemia es impredecible, con un coste emocional y académico para nuestros alumnos, que merecen la mayor atención posible, sin escatimar en recursos como los refuerzos COVID.

La imprescindible mejora del equipamiento tecnológico

Rosalía Aller Maisonnave

Numerosos docentes se han puesto en contacto con ANPE-Madrid, durante el pasado concurso de traslados y otros procesos recientes, para manifestar su desasosiego ante las reiteradas incidencias de la plataforma digital, mediante la cual, obligatoriamente, han de comunicarse con la Administración y realizar las gestiones pertinentes.

Es precisamente esta obligatoriedad —un imperativo de los tiempos que se venía anunciando desde hace décadas, establecido en el artículo 14.2 de la Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas— lo que agrava la situación. De no ser así, tras algunos intentos fallidos el profesorado habría optado por la realización de trámites a la manera tradicional: formulario impreso y Registro. Pero estamos en plena era digital y los avances en la comunicación van, en muchos ámbitos, en ese sentido. Ni el Estado ni la Administración madrileña podían perder el tren de los servicios electrónicos y no ofrecerlos a la ciudadanía, así que han subido a él, mediante una inversión considerable en recursos humanos y tecnológicos. Pero no ha sido suficiente. Hay que avanzar más, es necesario mejorar estas prestaciones.

Por otra parte, resulta inevitable contextualizar cuándo y a quiénes afectan las “caídas del sistema” y otras dificultades en la comunicación digital. Aunque parezca una obviedad, recordemos que está finalizando un año que ha sido, en su mayor parte, muy difícil, uno de esos annus horribilis que desearíamos borrar de nuestra memoria y, sobre todo, cuyos efectos no queremos ver en el siguiente. El profesorado de la Comunidad de Madrid ha desempeñado, en la dura etapa del confinamiento y también ahora, desde el inicio de este curso, un papel protagónico innegable. Su esfuerzo ha sido ejemplar; su generosidad, digna de aplauso, y el resultado hasta ahora, a pesar de los innumerables escollos a sortear, un servicio educativo que se sigue manteniendo, navegando en mar brava y con viento en contra.

El esfuerzo del profesorado ha sido ejemplar; su generosidad, digna de aplauso

La educación en línea ha adquirido una relevancia súbita y descomunal, pues durante meses ha sido la única forma de comunicación con el alumnado y sigue manteniéndose en la cima para permitir la educación semipresencial. Como suele decirse, ha llegado para quedarse, al igual que otros cambios de fondo, legado de esta pandemia. Esa cercanía, ese acompañamiento en el proceso de enseñanza y aprendizaje han tenido un alto precio, pues han supuesto una sobrecarga considerable para muchos docentes, que han abierto sus casas, literalmente, para desde ellas seguir cumpliendo su misión. La puesta en marcha de la educación telemática también ha sido difícil de asumir por numerosas familias. Esta modalidad no siempre es idílica ni fácil ni perfecta, pues puede dar pie a situaciones incómodas o invasivas por parte de ciertos sectores discordantes que siempre existen, minoritarios, sí, pero de difícil gestión para quien se sabe dotado de una de las libertades constitucionales más enriquecedoras: la libertad de cátedra.

El profesorado ha experimentado en ocasiones cierta incertidumbre y orfandad, al verse abocado al uso de tecnologías que, si bien ya había incorporado a su quehacer de aula, no lo había hecho con tal intensidad ni diversidad. Por otra parte, los docentes se han encontrado sin recursos suficientes, sin herramientas digitales adecuadas, en muchos casos, para hacer frente a la demanda de sus alumnos, “nativos digitales”. (Dicho sea de paso, conviene recordar que el concepto ya está en revisión, dado que los “inmigrantes digitales” van absorbiendo a gran velocidad este mundo —inimaginable décadas atrás— que entra por los ojos, los oídos, los dedos… y al que no pueden hurtar la vista). Debe recordarse, asimismo, que no se han facilitado medios telemáticos al profesorado, mientras que sí se han proporcionado a los alumnos que carecían de ellos.

También en este sentido, la pandemia ha puesto de relevancia carencias diversas. Si bien se ha hecho un esfuerzo por mejorar y completar la plataforma digital, y ofrecer al profesorado más y mejores recursos, es preciso seguir avanzando, porque la celeridad del mundo digital hace lento el más esforzado aggiornamento.

La educación telemática no siempre es idílica ni fácil ni perfecta

Otro aspecto mejorable es el propio diseño de las plataformas digitales, de uso frecuente por los docentes, en cuya configuración no se ha tenido en cuenta su opinión ni tampoco ha sido consultada respecto a las herramientas que consideran más accesibles y adecuadas. Ha sido la propia Administración la que ha planteado estas plataformas sin ningún tipo de consenso con el profesorado.

La tendencia a sobrevalorar el poder de lo visual, como si el pensamiento solo se expresara mediante esta dimensión y no con palabras, ha dado por resultado, en algunos casos, una arquitectura de imágenes sobredimensionadas. Aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”, sin duda cierto en general, no deja de confirmar la ambigüedad característica de las sentencias. Depende de qué imagen y qué palabras, dichas por quién, cuándo… Si no es parte del mensaje ni una obra de arte ni un inductor del pensamiento, sino apenas un toque de color cuyo contenido es ya bien conocido y, por redundante, poco aporta, se vuelve arduo hallar, desplazándose por sucesivas pantallas, la información que buscamos. Cuando, además, los buscadores son de una operatividad relativa, la localización de contenidos útiles resulta dificultosa.

Parecería más razonable un uso proporcionado de estética y utilidad, en cumplimiento del tópico horaciano: dulce et utile. Ni la aridez de una página yerma, atiborrada de letras pequeñas, ni la inanidad de una pantalla tan colorida y con un cuerpo de letra tan generoso que llegamos a añorar aquel anuncio de mermelada que decía: “no hay foto; hay fruta”. In medio virtus.

En general, no gusta lo que no funciona bien; no se acepta, crea desazón y genera rechazo. Y esto no es disconformidad crónica, sino el motor de la evolución. Con adaptación y resignación incondicionales, seguiríamos en la Edad de Piedra.

Son de destacar los recientes avances a pasos forzados, pero la tarea apenas ha empezado. Estamos lejos aún, en términos digitales, de sociedades circundantes a las que podría equipararse la Comunidad de Madrid, una autonomía de avanzada en varios aspectos. Para una mejor gestión telemática de la educación pública madrileña, la de todos, es fundamental dotar a este servicio esencial de unos medios electrónicos eficientes y estables, por los cuales fluya el quehacer educativo, que siempre será —apostamos por ello— esencialmente humano.