Rotundo NO a la ampliación del calendario escolar

Andrés Cebrián del Arco

El 8 de julio del pasado año se publicó en el BOCM la Orden que establecía el calendario escolar para el curso 2020-2021 en los centros educativos no universitarios sostenidos con fondos públicos de la Comunidad de Madrid. Dejando al margen al resto de cuerpos, las actividades lectivas deberían empezar el 8 de septiembre en Primaria y el 9 de septiembre en Secundaria, y terminar el 22 y 23 de junio respectivamente.

Como novedad, dicha Orden incluía un artículo (artículo octavo, Circunstancias sobrevenidas), que ANPE-Madrid rechazó en su momento por la inseguridad que podía crear tanto a los docentes como a las familias, que permitía a la Consejería de Educación modificar el calendario escolar, sin negociación previa con las organizaciones sindicales, si la actividad de los centros no pudiese desarrollarse con normalidad por circunstancias sanitarias.

El 25 de agosto, dada la situación sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19, la Comunidad de Madrid determinó que los centros educativos comenzaran el curso en el Escenario II, lo que supuso un inicio escalonado de las clases y, por tanto, una primera modificación del calendario escolar que afectó a los alumnos de 4º, 5º y 6º de Primaria, que empezaron el 17 de septiembre, y de 1º y 2º de ESO, que lo hicieron el 18 de ese mismo mes.

Estas modificaciones se vieron recogidas, el 31 de agosto, en una Resolución de la Viceconsejera de Política Educativa en la que, acogiéndose al citado artículo octavo de la Orden de calendario, retrasaba, no solo el inicio de las actividades lectivas en dichos cursos, sino también su finalización: 4º, 5º y 6º de Primaria pasaban a terminar el 24 de junio y 1º y 2º de ESO el 25.

Como la propia Administración reitera en sus comunicados, el curso no se ha interrumpido


Tras las vacaciones de Navidad, el temporal de frío y nieve, Filomena, y sus devastadoras consecuencias impidieron la apertura de los centros en la fecha prevista, el 11 de enero, pero no el inicio de las actividades lectivas, que se desarrollaron desde el primer momento de forma telemática. Hasta en tres comunicados de prensa, la Consejería de Educación fue anunciando el aplazamiento de la vuelta a las aulas, que finalmente se produjo de manera escalonada los días 20 y 21 de dicho mes.

En el primero de ellos, el 9 de enero, la Comunidad de Madrid, ante la situación generada por las abundantes nevadas y las previsibles dificultades para el acceso a los centros los primeros días lectivos tras el periodo vacacional de Navidad, decretaba la suspensión de la actividad educativa presencial durante el lunes 11 y martes 12 en todas las etapas educativas. Asimismo, indicaba que los centros procurarían prestar dicha actividad de forma telemática.

La actividad lectiva ha estado presente de forma telemática en todo momento

Posteriormente, el 11 de enero, teniendo en cuenta la dificultad para garantizar el acceso y transporte a los centros educativos, y la inseguridad en los mismos por los desperfectos causados por la nieve y el hielo acumulados, así como por la caída de árboles en las infraestructuras, el Gobierno regional prorrogó la cancelación de la actividad educativa presencial hasta el lunes 18, recordando, no obstante, que esta continuaría en su modalidad a distancia.

Por último, el 15 de enero, ante la solicitud mayoritaria de los ayuntamientos por los numerosos problemas de accesibilidad a los centros, la Comunidad de Madrid aplazó la apertura de estos hasta el miércoles 20 de enero, para los alumnos de Educación Infantil, Primaria y 1º y 2º de ESO, y un día después para 3º y 4º de la ESO y Bachillerato. En este comunicado, nuevamente se informaba de que la actividad educativa continuaría de forma telemática y añadía: “con el fin de reforzar la presencialidad en el aula, tan importante en estas etapas, en Educación Infantil, Primaria y Especial, la Comunidad de Madrid ampliará en tres días el calendario escolar establecido inicialmente para este curso, y retrasará el final de curso”.

No hay nada que objetar a todos estos aplazamientos en la apertura de los centros. Son consecuencia lógica de los efectos del temporal y desde ANPE-Madrid los consideramos oportunos, pero sí al anuncio de ampliación del calendario escolar, que rechazamos rotundamente.

Como la propia Administración reitera en sus comunicados, el curso no se ha interrumpido. Desde el 11 de enero, fecha prevista de inicio del segundo trimestre, la actividad lectiva ha estado presente de forma telemática en todo momento, tal y como se hizo durante el año anterior, con el valor añadido de la experiencia adquirida durante los largos meses de confinamiento y, por tanto, no hay razón alguna para prolongar tres días el curso escolar.

¿Alguien puede pensar que tres días más van a reforzar la presencialidad en el aula?

Esta medida no solo es inútil —¿alguien puede pensar que tres días más a final de curso van a reforzar la presencialidad en el aula?—, sino que supone también, un menosprecio a la labor docente. El profesorado de la enseñanza pública madrileña está poniendo todo de su parte para paliar, dentro de sus posibilidades, los terribles efectos de la pandemia con gran dedicación y esfuerzo, adaptándose día a día a una nueva forma de enseñar, soportando las numerosas y continuas incidencias de la plataforma EducaMadrid que hacen interminables las jornadas de trabajo y lo último que espera de la Administración es que le diga que ese trabajo no ha servido para nada y debe ser recuperado.

También parece olvidar que las actividades escolares comienzan el 1 de septiembre y finalizan el 30 de junio y que, una vez terminadas las lectivas, el profesorado no concluye su labor, pues debe realizar otras tareas en esos días.

Esta medida supone también un menosprecio a la labor docente

En cualquier caso, no parece oportuno anunciar una medida de tanta trascendencia como la modificación unilateral del calendario escolar en un comunicado de prensa, sin negociación previa con los legítimos representantes del profesorado y en un momento de tanta incertidumbre como el que estamos viviendo.

ANPE-Madrid rechazará cualquier intento de ampliación del calendario escolar y exige a la Consejería de Educación la rectificación de la medida anunciada y la apertura de un proceso de negociación con las organizaciones sindicales de la Mesa Sectorial de Educación para tratar este y otros asuntos relacionados con la realidad educativa en el peculiar contexto actual.

La importancia de la profesión docente

Andrés Cebrián del Arco

La situación de excepcionalidad creada por la pandemia de COVID-19, que tan duramente está afectando a gran parte de la población en el ámbito familiar y personal, también está teniendo un fuerte impacto en el desempeño de la profesión docente.

En los últimos diez meses, al profesorado se le ha requerido un esfuerzo y una dedicación adicionales para atender la educación telemática. Los docentes han debido modificar la forma de relacionarse con el resto de los miembros de la comunidad educativa y han visto cómo surgían en los centros problemas antes desconocidos. En definitiva, han cambiado su forma de trabajar.

La pandemia ha evidenciado cómo los recortes y la falta de inversión de años anteriores han llevado al sistema educativo al límite, rozando siempre los mínimos necesarios en cuanto a recursos humanos y materiales, y una vez más ha sido el profesorado quien, con su profesionalidad y entrega, ha sorteado las dificultades a costa de un gran esfuerzo personal para asegurar que los alumnos pudiesen recibir la atención necesaria, evitando así que se interrumpiera el proceso educativo.

Los recortes y la falta de inversión de años anteriores
han llevado al sistema educativo al límite

Al comienzo del curso escolar 2020-2021, nos hemos encontrado con un nuevo y gran problema: la falta de profesores. La docencia no resulta atractiva para ciertos profesionales, sobre todo en etapas educativas como la Formación Profesional, las Enseñanzas Artísticas y, en general, todas aquellas especialidades en las que se puede encontrar empleo con relativa facilidad en otros sectores.

A pesar de que muchas personas pueden tener la preparación, la titulación y la vocación necesarias, por la falta de seguridad en cuanto a continuidad y las condiciones laborales, deciden optar por otra carrera profesional fuera de la educación.

Una vez más el profesorado, con profesionalidad
y entrega, ha sorteado las dificultades

Por tanto, es necesario hacer atractiva la profesión docente. Mejorar las retribuciones, reducir las jornadas parciales y el horario lectivo, abordar la carrera profesional y hacer una inversión en formación para el desarrollo profesional y en recursos materiales si queremos atraer a las siguientes generaciones.

Los docentes deben percibir la importancia que tienen dentro de la sociedad y las campañas de concienciación respecto a su valor están bien, pero no son más que un comienzo.

La valoración de la profesión debe traducirse en hechos reales, que pasan necesariamente por condiciones laborales adecuadas a la importancia de su labor para toda la sociedad. Dentro de estas condiciones laborales, es imprescindible asegurar que los profesores sepan que están respaldados y protegidos en el desarrollo de su profesión y que existe “tolerancia cero” hacia cualquier tipo de actuación o actitud que impida la correcta convivencia entre los miembros de la comunidad educativa.

Si bien en el curso actual se ha producido un notable incremento de profesorado, como única forma de poner en marcha las medidas higiénico-sanitarias establecidas por las autoridades madrileñas, ANPE-Madrid insiste en la necesidad de dar carácter de continuidad al descenso de las ratios por aula, así como de disminuir el horario lectivo de los profesionales. Los profesores se ven desbordados por el elevado número de alumnos que deben atender, al que se suma la ingente cantidad de tareas burocráticas que conlleva la labor docente.

Es imprescindible situar la educación en el centro
de los intereses y prioridades de la sociedad

Es imprescindible situar la educación en el centro de los intereses y prioridades de la sociedad. Los profesores son el pilar fundamental de cualquier sistema educativo. Su labor es la pieza clave del proceso educativo y de sus buenos resultados. Si queremos ofrecer a los alumnos una educación de calidad urge que los gobiernos, tanto el nacional como los autonómicos, pongan en alza la profesionalidad y el buen hacer de los docentes. La defensa de nuestra profesión y de los profesionales debe ser reconocida y protegida desde todas las instancias sociales.

La inestabilidad e incertidumbre política y de crisis institucional que vivimos en este momento, agravada por la pandemia, haría necesario, ahora más que nunca, un Pacto de Estado político, social y territorial que preserve a la Educación de la confrontación ideológica permanente ante cualquier cambio, modificación o reforma que deba acometer nuestro sistema educativo, y que la convierta en una verdadera prioridad política y social.

Madrid se sitúa como una comunidad puntera en España y a la altura de países ubicados en la franja de la excelencia educativa gracias a un profesorado al que cada día se le pide más formación específica y que modifique su forma de enseñar, además de un gran esfuerzo personal para paliar las deficiencias del sistema.

Desde ANPE-Madrid seguiremos reclamando
el reconocimiento de la labor docente

Desde ANPE-Madrid seguiremos reclamando el reconocimiento de la labor docente y exigiendo que se mejoren sus condiciones laborales, para que se pueda seguir construyendo una educación de calidad donde se pueda atender a las necesidades educativas de todos los alumnos de la Comunidad de Madrid.

Somos conscientes de que los docentes, en los momentos difíciles, siempre hemos respondido con responsabilidad, dedicación y entrega para asegurar que los alumnos reciban una educación adecuada. Vivimos tiempos difíciles, pero el compromiso con la defensa de los derechos y condiciones sociolaborales del profesorado y con una educación pública de calidad son nuestra única razón de ser.

Faltan profesores. ¿Por qué será?

Carolina Fernández del Pino Vidal

El comienzo del curso en toda España ha dejado claro que existe un déficit de profesores. Las Comunidades se han abalanzado, unas sobre otras, en un intento de atraer a profesionales cualificados para impartir clases. En algunas especialidades, especialmente en Formación Profesional y Enseñanzas Artísticas, hay una carencia total de aspirantes que cumplan con los requisitos necesarios y estén dispuestos a dedicarse a la docencia.

El reto de atraer profesionales a la docencia no es nuevo.

Múltiples estudios de la OECD y la Unión Europea vienen señalando la importancia del profesorado y su impacto sobre el proceso educativo. Los resultados académicos de los alumnos no solo se ven afectados por la calidad del profesorado, sino también por su motivación. Los países buscan fórmulas para atraer a los mejores estudiantes hacia estudios encaminados a la enseñanza y también para evitar que los profesores abandonen o se desmotiven.

No se puede pedir una educación
individualizada e inclusiva sin bajar ratios

La importancia que tiene nuestra profesión no está reflejada en condiciones laborales suficientemente competitivas para compensar las dificultades que conlleva.

Hay muchos factores que dirigen a los futuros profesionales hacia un campo u otro. Uno muy importante es la vocación. La vocación, sin embargo, se va construyendo en base a la información que recibe el individuo a lo largo de su vida. Todos queremos acceder a un puesto de trabajo que marque la diferencia, pero también influye la necesidad de acceder a una profesión que haga posible disfrutar de unas condiciones de bienestar y seguridad económica adecuadas al esfuerzo que se ha realizado en la etapa formativa.

Es importante que se tengan en cuenta muchos factores, ya que el económico, aunque tiene su peso, no es el único que se pone en la balanza, especialmente cuando se trata de una profesión como la nuestra, que requiere grandes dosis de entrega, energía y renovación.

Reconocimiento social

En el Estudio Internacional de Enseñanza y Aprendizaje (TALIS, Teaching and Learning International Survey), promovido por la OCDE, aproximadamente solo el 26 % de los profesores de los países miembros consideraba que su trabajo estaba reconocido por la sociedad. En España, menos del 20 % estaba de “acuerdo” o “muy de acuerdo” con que su profesión era valorada por la sociedad.

Sin embargo, numerosos estudios demuestran que la sociedad española sí tiene una valoración alta del profesorado.

La disociación que existe entre la percepción de los docentes sobre cómo la sociedad valora su profesión y cómo en realidad es valorada hace necesario preguntarse cómo se puede producir un desencuentro tan radical entre ambas percepciones.

El prestigio social de una profesión engloba consideraciones sobre sus funciones e importancia para la sociedad y se evidencia en los salarios, sus responsabilidades y el respeto a su profesionalidad y criterio.

A lo mejor de ahí viene el problema. Que, a pesar de la gran importancia que tiene nuestra labor, los salarios, el respeto hacia nuestros conocimientos y decisiones y el respaldo que recibimos de las administraciones dejan claro que, en realidad, no debe de ser tanta, si tenemos en cuenta los siguientes factores.

Retribuciones en comparación con otras carreras profesionales

La falta de universitarios que deciden encarrilar sus carreras profesionales hacia la docencia refleja no solo la valoración real de la profesión docente por la sociedad, sino también la percepción que se tiene de las retribuciones, especialmente si se comparan con otras opciones que requieren la misma formación.

En algunas especialidades de Secundaria, Formación Profesional y Enseñanzas Artísticas, la diferencia de salario puede situarse en al menos un 20 %.

Si queremos atraer y mantener a profesionales capacitados, debemos aminorar la diferencia entre los sueldos de los profesores y otras profesiones que requieren la misma formación, además de ofrecer la posibilidad de desarrollar una carrera profesional.

No solo es importante el sueldo inicial, también es importante la progresión del sueldo y el momento en que este se incrementa. De acuerdo con el informe Profesores y equipos directivos en Europa 2017/18 Sueldos y complemento, basado en datos de Eurydice (1), los docentes españoles tienen que esperar 39 años para alcanzar el sueldo máximo que, por otra parte, se define en el informe como incremento modesto al situarse por debajo del 50 %, en torno al 42 %.

El reto de atraer profesionales a la docencia no es nuevo

El informe señala que es importante el momento en que se alcanzan estas mejoras, ya que afectan a más profesores y durante más años, e inciden de forma positiva sobre las condiciones laborales.

Reformas educativas

Si queremos seguir contando con los mejores profesionales, las administraciones deben abordar el problema teniendo en cuenta muchos factores. Evidentemente el reconocimiento social y las retribuciones son dos aspectos de peso, pero existen otros que, combinados, afectan a nuestra profesión de forma significativa.

Que las reformas educativas no se negocien con los profesores influye en el reconocimiento social que tenemos. No se puede decir que el profesorado es importante y no tener en cuenta su experiencia a la hora de llevar a cabo una reforma educativa. El mensaje que se lanza a la sociedad queda claro y nosotros lo hemos recibido: nuestra opinión no cuenta y no merece ser tenida en cuenta.

Ratios y horas lectivas

Las ratios siguen siendo altas. Llevamos reclamando que se bajen desde que empezó la locura de reformas educativas en nuestro país. No se puede pedir una educación individualizada e inclusiva y luego no bajar las ratios.

La sociedad no debe confundir la jornada laboral con las horas lectivas. Cada hora lectiva supone horas adicionales de trabajo. La preparación de clases, cada vez más complicada, las evaluaciones y el seguimiento de los alumnos y su progreso son una parte intrínseca de nuestra profesión, pero se hace fuera del horario lectivo. Hay profesores en Secundaria que ven a 300 alumnos a la semana. El trabajo que esto conlleva hace que los profesores dediquen más horas que las contempladas en su horario laboral.

Burocracia

Es preciso que se lleve a cabo un estudio sobre el tiempo que la burocracia roba a los docentes. Una vez que se tenga una radiografía real de la situación, se debería buscar fórmulas para reducir al mínimo el tiempo que se invierte, eliminando duplicidades, mejorando los procedimientos y los programas y plataformas digitales.

Protección de la Administración y tolerancia cero con cualquier tipo de acoso o agresión

Cada vez más los profesores se ven envueltos en situaciones que para una persona de a pie son impensables. El acoso al que en ocasiones se ven sometidos los docentes en las redes sociales es inimaginable para la mayoría de los trabajadores. Es inaceptable que se produzcan situaciones de agresión verbal o física y mucho menos que estas agresiones se produzcan en un medio público, pudiendo dañar no solo la integridad del profesional, sino también la de sus familiares. Cuando los profesores se encuentran en estas situaciones deben contar con un asesoramiento especializado, jurídico y psicológico, de manera inmediata. Es el deber de cualquier empleador proteger a sus empleados cuando estos se ven agredidos en el cumplimiento de su labor.

Estas son algunas de las razones que están haciendo que los centros de nuestro país se vean aquejados por una falta de profesionales cualificados y motivados. Se puede reformar el sistema, se puede invertir en programas, proyectos y campañas, pero hasta que no se tomen medidas para revalorizar nuestra profesión mejorando las condiciones laborales, la falta de profesores seguirá siendo uno de los grandes problemas de nuestro sistema educativo.


(1) Teachers’ and School Heads’ Salaries and Allowances in Europe 2017/18, Eurydice – Facts and Figures Salaries and Allowances.

Refuerzos COVID, refuerzos para este y todos los cursos

Esteban Serrano Tamayo

Los últimos meses del curso pasado se desarrollaron de una forma anómala, con los alumnos recibiendo su educación desde casa y los profesores adaptándose en un tiempo récord a un nuevo modelo de enseñanza. Ante este panorama, tanto unos como otros tuvieron que tirar de sus recursos, dejando en evidencia el déficit tecnológico de nuestra educación y la brecha digital entre el alumnado. Como en todas las crisis, las familias con menos posibilidades y mayores limitaciones para acceder a las nuevas tecnologías y los alumnos con más dificultades académicas han sido los más perjudicados.

Para restablecer los desajustes provocados por esta pandemia en la evolución educativa de los alumnos, la Administración se comprometió a aumentar las plantillas de los centros con objeto de llevar a cabo desdobles que permitieran reducir las ratios y ofrecer una atención más individualizada al alumnado más perjudicado por la falta de enseñanza presencial. Con el objetivo de actuar en aquellos casos que por diversas razones no pudieron seguir con aprovechamiento el proceso de aprendizaje a través de medios telemáticos y evitar un desfase curricular de estos alumnos, la Consejería de Educación puso en marcha un plan específico personalizado de refuerzo educativo para facilitar que los alumnos con desfase curricular lograran continuar con su aprendizaje y alcanzaran los objetivos y el adecuado grado de adquisición de las competencias correspondientes.

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a la falta de inversión en educación y a los vaivenes de leyes educativas en función de intereses inverosímiles. De esta forma, ahora demandamos que medidas y recursos como los refuerzos COVID se mantengan hasta finalizar el curso, pues siempre deberían haber estado presentes en nuestros centros para permitir ratios menores, horarios con menos carga lectiva y una disminución de la burocratización que tanto nos impide centrarnos en lo realmente importante: nuestros alumnos. Tirando de refranero español, nunca es tarde si la dicha es buena, y estos refuerzos son más necesarios que nunca para ayudar a nuestros alumnos a recuperar los aprendizajes que el COVID les arrebató.

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a la falta de inversión en educación y los vaivenes de leyes educativas

Además, debemos tener en cuenta un colectivo muy vulnerable, como es el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo. En Madrid, atender adecuadamente a estos alumnos resulta extremadamente difícil al no existir una normativa específica que regule todo el marco de atención a la diversidad. Así, para las ratios que deben aplicarse a los profesores de Pedagogía Terapéutica y de Audición y Lenguaje, nos encontramos con una normativa estatal de los años noventa, exactamente la Orden de 18 de septiembre de 1990, que habitualmente es sobrepasada con creces. Otra razón de peso para afirmar que estos refuerzos son necesarios para llevar a cabo apoyos y agrupamientos flexibles en nuestras aulas.

La propia Comunidad de Madrid es consciente de la importancia de mantener estos refuerzos COVID hasta finalizar el curso escolar y por ello, en algunas de sus instrucciones publicadas, recoge que la aplicación personalizada de estas medidas se revisará periódicamente y, en todo caso, al finalizar el curso académico. Además, demuestra que es la primera interesada en que los docentes de refuerzo continúen durante todo el curso escolar cuando solicita al Gobierno central que comprometa fondos COVID, al menos hasta junio de 2021, para seguir luchando contra la pandemia y mejorando el sistema educativo. Incluso ha llegado a abstenerse, en la Asamblea de Madrid, en una iniciativa que insta al Gobierno regional a mantener durante este curso a todo el personal docente contratado por la pandemia, en concreto, a los 1.117 profesores de refuerzo, cuyos contratos finalizan el 22 de diciembre.

Retirar ahora a estos refuerzos de los centros provocará un innecesario caos organizativo

Retirar ahora a estos refuerzos de los centros provocará un innecesario caos organizativo, una vez que ya están funcionando tras superar las múltiples dificultades de inicio de curso. Muchos de estos profesores volverán a ser contratados en enero para cubrir otros puestos, pues no olvidemos el elevado número de plantillas que aún falta por completar, dada la escasez de profesorado en la Comunidad de Madrid. Este último detalle también ha provocado que estos refuerzos no hayan podido dedicarse íntegramente a los objetivos con que en un principio se les contrató, ya que se han visto obligados, por las carencias de recursos personales de los centros, a realizar otras tareas, como guardias o sustituciones del profesorado. Pero claro, siempre será más fácil achacar unos malos resultados como estos últimos del informe TIMSS a un déficit en la preparación inicial y en el desarrollo profesional de los docentes.

Instamos a la Comunidad de Madrid a prolongar los contratos de este profesorado hasta final de curso, como ya han anunciado otras autonomías. La evolución de esta pandemia es impredecible, con un coste emocional y académico para nuestros alumnos, que merecen la mayor atención posible, sin escatimar en recursos como los refuerzos COVID.

La imprescindible mejora del equipamiento tecnológico

Rosalía Aller Maisonnave

Numerosos docentes se han puesto en contacto con ANPE-Madrid, durante el pasado concurso de traslados y otros procesos recientes, para manifestar su desasosiego ante las reiteradas incidencias de la plataforma digital, mediante la cual, obligatoriamente, han de comunicarse con la Administración y realizar las gestiones pertinentes.

Es precisamente esta obligatoriedad —un imperativo de los tiempos que se venía anunciando desde hace décadas, establecido en el artículo 14.2 de la Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas— lo que agrava la situación. De no ser así, tras algunos intentos fallidos el profesorado habría optado por la realización de trámites a la manera tradicional: formulario impreso y Registro. Pero estamos en plena era digital y los avances en la comunicación van, en muchos ámbitos, en ese sentido. Ni el Estado ni la Administración madrileña podían perder el tren de los servicios electrónicos y no ofrecerlos a la ciudadanía, así que han subido a él, mediante una inversión considerable en recursos humanos y tecnológicos. Pero no ha sido suficiente. Hay que avanzar más, es necesario mejorar estas prestaciones.

Por otra parte, resulta inevitable contextualizar cuándo y a quiénes afectan las “caídas del sistema” y otras dificultades en la comunicación digital. Aunque parezca una obviedad, recordemos que está finalizando un año que ha sido, en su mayor parte, muy difícil, uno de esos annus horribilis que desearíamos borrar de nuestra memoria y, sobre todo, cuyos efectos no queremos ver en el siguiente. El profesorado de la Comunidad de Madrid ha desempeñado, en la dura etapa del confinamiento y también ahora, desde el inicio de este curso, un papel protagónico innegable. Su esfuerzo ha sido ejemplar; su generosidad, digna de aplauso, y el resultado hasta ahora, a pesar de los innumerables escollos a sortear, un servicio educativo que se sigue manteniendo, navegando en mar brava y con viento en contra.

El esfuerzo del profesorado ha sido ejemplar; su generosidad, digna de aplauso

La educación en línea ha adquirido una relevancia súbita y descomunal, pues durante meses ha sido la única forma de comunicación con el alumnado y sigue manteniéndose en la cima para permitir la educación semipresencial. Como suele decirse, ha llegado para quedarse, al igual que otros cambios de fondo, legado de esta pandemia. Esa cercanía, ese acompañamiento en el proceso de enseñanza y aprendizaje han tenido un alto precio, pues han supuesto una sobrecarga considerable para muchos docentes, que han abierto sus casas, literalmente, para desde ellas seguir cumpliendo su misión. La puesta en marcha de la educación telemática también ha sido difícil de asumir por numerosas familias. Esta modalidad no siempre es idílica ni fácil ni perfecta, pues puede dar pie a situaciones incómodas o invasivas por parte de ciertos sectores discordantes que siempre existen, minoritarios, sí, pero de difícil gestión para quien se sabe dotado de una de las libertades constitucionales más enriquecedoras: la libertad de cátedra.

El profesorado ha experimentado en ocasiones cierta incertidumbre y orfandad, al verse abocado al uso de tecnologías que, si bien ya había incorporado a su quehacer de aula, no lo había hecho con tal intensidad ni diversidad. Por otra parte, los docentes se han encontrado sin recursos suficientes, sin herramientas digitales adecuadas, en muchos casos, para hacer frente a la demanda de sus alumnos, “nativos digitales”. (Dicho sea de paso, conviene recordar que el concepto ya está en revisión, dado que los “inmigrantes digitales” van absorbiendo a gran velocidad este mundo —inimaginable décadas atrás— que entra por los ojos, los oídos, los dedos… y al que no pueden hurtar la vista). Debe recordarse, asimismo, que no se han facilitado medios telemáticos al profesorado, mientras que sí se han proporcionado a los alumnos que carecían de ellos.

También en este sentido, la pandemia ha puesto de relevancia carencias diversas. Si bien se ha hecho un esfuerzo por mejorar y completar la plataforma digital, y ofrecer al profesorado más y mejores recursos, es preciso seguir avanzando, porque la celeridad del mundo digital hace lento el más esforzado aggiornamento.

La educación telemática no siempre es idílica ni fácil ni perfecta

Otro aspecto mejorable es el propio diseño de las plataformas digitales, de uso frecuente por los docentes, en cuya configuración no se ha tenido en cuenta su opinión ni tampoco ha sido consultada respecto a las herramientas que consideran más accesibles y adecuadas. Ha sido la propia Administración la que ha planteado estas plataformas sin ningún tipo de consenso con el profesorado.

La tendencia a sobrevalorar el poder de lo visual, como si el pensamiento solo se expresara mediante esta dimensión y no con palabras, ha dado por resultado, en algunos casos, una arquitectura de imágenes sobredimensionadas. Aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”, sin duda cierto en general, no deja de confirmar la ambigüedad característica de las sentencias. Depende de qué imagen y qué palabras, dichas por quién, cuándo… Si no es parte del mensaje ni una obra de arte ni un inductor del pensamiento, sino apenas un toque de color cuyo contenido es ya bien conocido y, por redundante, poco aporta, se vuelve arduo hallar, desplazándose por sucesivas pantallas, la información que buscamos. Cuando, además, los buscadores son de una operatividad relativa, la localización de contenidos útiles resulta dificultosa.

Parecería más razonable un uso proporcionado de estética y utilidad, en cumplimiento del tópico horaciano: dulce et utile. Ni la aridez de una página yerma, atiborrada de letras pequeñas, ni la inanidad de una pantalla tan colorida y con un cuerpo de letra tan generoso que llegamos a añorar aquel anuncio de mermelada que decía: “no hay foto; hay fruta”. In medio virtus.

En general, no gusta lo que no funciona bien; no se acepta, crea desazón y genera rechazo. Y esto no es disconformidad crónica, sino el motor de la evolución. Con adaptación y resignación incondicionales, seguiríamos en la Edad de Piedra.

Son de destacar los recientes avances a pasos forzados, pero la tarea apenas ha empezado. Estamos lejos aún, en términos digitales, de sociedades circundantes a las que podría equipararse la Comunidad de Madrid, una autonomía de avanzada en varios aspectos. Para una mejor gestión telemática de la educación pública madrileña, la de todos, es fundamental dotar a este servicio esencial de unos medios electrónicos eficientes y estables, por los cuales fluya el quehacer educativo, que siempre será —apostamos por ello— esencialmente humano.

Ante la politización de la educación, sentido común

Andrés Cebrián del Arco


La polémica sobre el llamado pin parental y la alternativa propuesta recientemente por la presidenta Díaz Ayuso se han convertido, como si no hubiese otros temas más importantes para la mejora de la educación pública, en el centro del debate político y educativo en la Comunidad de Madrid. 

La postura de ANPE es clara: rechazamos el pin parental, principalmente porque no es necesario. Cuando los padres matriculan a sus hijos en un centro público conocen –o al menos pueden conocer, ya que son documentos públicos– el Proyecto Educativo del centro y la Programación General Anual, que incluye las programaciones didácticas de las distintas áreas o materias y el programa de actividades extraescolares y complementarias. De hecho, los padres participan en su aprobación a través de sus representantes en el Consejo Escolar. 

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El pin parental va en contra de
la autonomía de los centros y atenta

contra la libertad de cátedra

Las actividades complementarias, tan en entredicho y motivo de la polémica, forman parte del currículo, complementan los contenidos y ayudan a alcanzar los objetivos mínimos. Son obligatorias y evaluables, y como parte de la Programación General están sujetas a supervisión por el servicio de Inspección Educativa.

Pero además, el pin parental va en contra de la autonomía organizativa y pedagógica de los centros, supone una injerencia en la labor docente y atenta contra la libertad de cátedra reconocida por la Constitución.

Por otra parte, es difícil entender qué aporta de novedoso la propuesta de la presidenta regional, recogida como gran noticia en todos los medios de comunicación, como alternativa al veto parental.

Previamente al inicio del proceso de admisión de alumnos para el próximo curso, todos los centros sostenidos con fondos públicos deberán hacer públicos a través de su página web: el Proyecto Educativo del centro; el Reglamento de Régimen Interior y las normas de convivencia; y los programas educativos, incluyendo las actividades complementarias y extraescolares, señalando las que tengan carácter habitual, los recursos y los servicios complementarios del centro, que figuren en la Programación General Anual del curso actual, así como la información relativa a las actividades que conste en la memoria del curso anterior.

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La desautorización del profesor o la vuelta a la prehistoria

Carolina

Carolina Fernández del Pino Vidal

El dicho africano “se necesita una tribu para educar a un niño” merece un momento de análisis. No puede estar refiriéndose a que todos los miembros de la tribu van a transmitir al niño el mismo conocimiento sino a que cada uno de ellos estará encargado de “educar” al niño en el ámbito que le corresponda.

El ser humano se distingue por su capacidad de pensamiento abstracto, que permitió la creación de un lenguaje de alta complejidad. Este lenguaje posibilitó el trabajo coordinado, la especialización y, una vez adquirido este conocimiento, la transmisión del mismo a generaciones venideras para que no tuviesen que empezar de cero. Siglo tras siglo durante miles de años, el ser humano ha ido construyendo el conocimiento que hoy permite, por ejemplo, pensar que el cáncer tendrá curación; la creación de inteligencia artificial; navegar por internet o disfrutar de la calefacción, el metro, el paracetamol, la noria, los pasos de cebra, un viaje a Japón. 

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Los profesores nos especializamos en la
transmisión del conocimiento acumulado

Todo esto no es un milagro ni es natural, no nos lo encontramos colgando de un árbol en el bosque. Es el resultado acumulado, a lo largo de miles de años, del estudio, el trabajo y el esfuerzo conjunto de millones y millones de seres humanos. Cada uno aportó, desde su área de conocimiento especializado, su granito de arena. Tanto hemos avanzado que, desde hace milenios, nadie sabe todo.

Hoy en día todos estamos en alguna medida especializados y dependemos de un sinfín de especialistas en nuestra vida diaria. Para que pudiésemos saber todo de todo, tendríamos que volver a vivir en la prehistoria.

Los profesores nos especializamos en la transmisión de este conocimiento acumulado. La capacidad de transmitir saberes requiere una especialización, unos conocimientos específicos. Lo que distingue a un maestro o profesor, sobre todo en las etapas obligatorias, no son solo sus conocimientos de una materia en concreto, sino su especialización en la transmisión de esos conocimientos.

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Sobre la tercera hora de Educación Física

Esteban-revista

Esteban Serrano Tamayo

Orandum est sit mens sāna in corpore sāno

Esta famosa cita de la Sátira X, escrita por el autor romano Décimo Junio Juvenal en el siglo I a. C., puede aplicarse perfectamente a la necesidad de conseguir una formación integral en nuestros alumnos, que va más allá de la sola adquisición de conocimientos. De nada nos servirá un perfecto desarrollo intelectual en niños cada vez más propensos a tener problemas de salud.

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. Según la OMS, desde 1975 la obesidad casi ha triplicado sus cifras en todo el mundo. Se calcula que ya en 2016 más de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo tenían sobrepeso o eran obesos, y si se mantienen las tendencias actuales, el número de niños pequeños con sobrepeso aumentará a 70 millones para 2025.

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En España el 35 % de los menores entre 8 y 16 años tiene exceso de peso, un 20,7 % de ellos sufre sobrepeso y un 14,2 % obesidad. En la Comunidad de Madrid, y según la Encuesta Nacional de Salud (ENSE) de 2017, el 25,2 % de la población de 2 a 17 años padece sobrepeso u obesidad global, una cifra superior, 35,17 %, si se trata de obesidad abdominal.

La obesidad infantil es uno de los problemas
de salud pública más graves del siglo XXI

El auge de las nuevas tecnologías ha llevado parejo un aumento del sedentarismo. En la actualidad, muchos niños limitan su práctica física a las clases de Educación Física. Y con su limitación horaria, se ven reducidos sus beneficios tanto a nivel orgánico (sistema muscular, respiratorio, nervioso o cardiovascular, entre otros) como a nivel psicosocial, ya que facilita la concentración, ayuda a mantener el equilibrio psicofísico como respuesta al estrés, facilita la liberación de tensiones emocionales, favorece estados de ánimo positivos, mejora la autoestima o reduce los niveles de ansiedad. Por ello, cuando pensamos de dónde sacar el tiempo para aumentar el horario de Educación Física, no debemos olvidar la repercusión que esta tiene en un adecuado rendimiento académico y los valores que trabaja desde un punto de vista transversal.

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Basta de acoso al profesorado en las redes sociales

Andrés Cebrián del Arco


La calificación que recibe el profesorado en el segundo Estudio sobre el grado de satisfacción de las familias madrileñas con la educación en la Comunidad de Madrid, de 2018, es muy positiva. La mayoría de las familias encuestadas se muestran satisfechas o muy satisfechas con la preparación de las clases (4 puntos sobre 5), la atención a los alumnos (3,97), la capacidad para hacerse entender (3,94) o la comunicación con las familias (4,11). Estas respuestas mejoran los valores registrados en la encuesta realizada en 2016 y, de hecho, el 81,2 % de las familias manifiestan que escogerían de nuevo el centro en el que están estudiando sus hijos.

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Sin embargo, a pesar de que la gran mayoría de las familias de alumnos tiene una valoración positiva del profesorado, desde el Defensor del Profesor se ha detectado un fenómeno preocupante: pequeños grupos se asocian y, a pesar de no representar a la mayoría de los padres, se coordinan de forma anónima y organizada, mediante un uso pernicioso de las redes sociales. Desde allí lanzan acusaciones sin fundamento que lesionan la imagen pública de docentes, equipos directivos y otros miembros de la comunidad educativa, pudiendo incurrir en acoso o en la vulneración del derecho al honor.

La mayoría de las familias tiene
una valoración positiva del profesorado

Con el fin de ampliar su repercusión intentan, en algunas ocasiones con éxito, trasladar estas calumnias a la prensa. Afortunadamente, la mayoría de los medios de comunicación contrasta la información antes de hacerse eco de acusaciones sin base que pueden lesionar derechos, ser objeto de acciones legales y, sobre todo, siendo infundadas, causar graves daños psicológicos no solo a los docentes objeto de estas campañas, sino también al centro educativo y, en general, a todo el sistema, ya que la inquietud e inseguridad que provocan tienen graves consecuencias sobre todo el proceso educativo, al crear un sentimiento de desprotección en el profesorado.

Son padres que no consienten que a sus hijos se les llame la atención, se les corrija o, mucho menos, se les sancione. Se niegan a ver la realidad, disculpan y justifican todos los actos de sus hijos. A veces presentan actitudes violentas. No valoran ni la figura ni el trabajo del docente. Pretenden menoscabar su autoestima y autoridad cuestionando su capacidad, sus métodos e incluso su forma de evaluar.

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Educación sin titulares

Carolina


Carolina Fernández del Pino Vidal

No se puede utilizar la educación para salir en los titulares. La educación es demasiado importante para que los partidos políticos se aprovechen de ella.

No hay partido que no haya izado la bandera del “Pacto de Estado para la educación”. Se elevan con pose digna de hombres de Estado con mayor altura moral que sus contrincantes. La utilizan para menospreciar a los demás, queriendo convencernos de que ellos sí quieren negociar y que el problema es que “los otros” carecen de voluntad negociadora, ya que en realidad no les importa la “Educación” y solo quieren imponer su ideología.

Sin embargo, es difícil no dudar de sus intenciones y objetivos finales cuando se observa con qué ligereza y superficialidad se atreven a hablar de distintos aspectos del sistema educativo. Utilizan palabras bonitas o rimbombantes cuando hacen declaraciones de inten­ciones. Tanto políticos como pedagogos-sin alumnos hablan constantemente de una educación inclusiva de calidad y de la educación como herramienta igualadora. Sin embargo, a la hora de legislar, cuando les toca, no tienen ninguna prisa en aplicar medidas que faciliten la consecución de estos objetivos tan loables. 

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Hace unos meses vimos cómo, cual elefantes por una cacharrería, sin saber apenas —por no decir que no sabían nada acerca de la labor que se realiza en los centros de educación especial— algunos políticos estaban ya preparados a desterrarlos de la geografía nacional. Vociferaban que eran contrarios a la “inclusión”. Sacaron datos falsos o parciales sobre lo que se hacía en otros países, siempre, claro, mucho más avanzados que el nuestro. Menos mal que tuvieron la prudencia de visitar estos centros y retirar su última “ocurrencia”, al darse de bruces contra la realidad.

La Educación no produce “imágenes publicitarias”

El sistema educativo no necesita “grandes ideas”. Requiere que los legisladores, junto con los profesionales de la educación, los profesores, se arremanguen, analicen la situación, establezcan objetivos educativos libres de ideología, estudien las posibilidades y den soluciones a los problemas reales que enfrentan los profesionales en las aulas. El sistema educativo tiene muchas carencias menos mediáticas, pero urgentes.

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